sábado, 11 de enero de 2020

¿El fujimorismo: un mal necesario?




EL FUJIMORISMO Y OTROS MALES SOCIALES ARRAIGADOS EN EL PERÚ CONTEMPORÁNEO


INTRODUCCIÓN

En sus orígenes la república presentaba graves antagonismos y una fuerte herencia de lacras coloniales, algunas de las cuales persisten hasta hoy (como parte de la estructura básica de la sociedad peruana). Para Flores Galindo (1999): “La sociedad colonial, cuando llega la Independencia, no había producido ciudadanos como en América del Norte, sino hombres diferenciados por el color de la piel, el título nobiliario, el ingreso económico, los antepasados, el lugar de nacimiento” (p. 40).

González Prada (2005) nos ha dejado un acertado diagnóstico, que aun hoy todavía está vigente.

Sacudimos la tutela de los virreyes y vegetamos bajo la tiranía de los militares, de modo que nuestra verdadera forma de gobierno es el caporalismo. Emancipamos al esclavo negro para sustituirlo con el esclavo amarillo, el chino. El sustrato nacional o el indio permanece como en el tiempo de la dominación española: envuelto en la misma ignorancia y abatido por la misma servidumbre, pues si no siente la vara del corregidor, gime bajo la férula de la autoridad o del hacendado; si no paga tributo en oro, da contribución en carne; si no muere en la mina, sucumbe en los campos de batalla. (pp. 120 y 121)

Los males y los problemas sociales enraizados en la estructura básica de la sociedad peruana han sido un enorme óbice para que nuestro país se convierta en una nación con un alto índice de desarrollo humano (esto en la perspectiva de Sen (2000), que entiende que las oportunidades sociales de acceso a la educación, a la salud, etc., influyen en la libertad fundamental de la población para vivir mejor así como para lograr una mayor participación social). Estos males sociales (corrupción, peculado, autoritarismo, racismo, etc.) han significado un sinfín de oportunidades perdidas y una grave desestructuración social en lo que va de la vida republicana. Según Quiroz (2013):

el costo de la corrupción para el desarrollo económico y social peruano en su historia republicana ha sido estructural y consistentemente alto o muy alto, pese a las variaciones cíclicas. Considerando que para alcanzar un crecimiento autosostenido se requiere de una tasa de crecimiento media anual del PBI de entre 5 y 8 por ciento en el largo plazo, debido a la corrupción sistemática y descontrolada, el Perú perdió o distribuyó mal el equivalente de aproximadamente el 40 a 50 por ciento de sus posibilidades de desarrollo. (p. 554)

I. ESTADO NACIONAL Y DIFERENCIA

Una sociedad diversa y multicultural como la nuestra no fue organizada políticamente en función de una política de la diferencia. Para Castro (2007): “en el Perú la diversidad étnica se ha encontrado o se encuentra marcada por el reconocimiento de algunas etnias y culturas con mayor prestigio y poder –criollos y mestizos– y con otras con menos poder y sin prestigio social –andinos y nativos–“ (p. 223).

No podemos pasar por alto que los Estados nacionales, incluso el Estado peruano, no constituyen formaciones homogéneas. Como lo señala Walzer (1998):
La mayoría de los Estados que constituyen la comunidad internacional son Estados nacionales. Llamarles así no significa que están formados por poblaciones nacionales (étnicas o religiosas) homogéneas. (…) Significa exclusivamente que un único grupo dominante organiza la vida en común de manera tal que refleja su propia historia y cultura y, si las cosas marchan como se pretende, lleva hacia adelante la historia y mantiene la cultura. Son esas intenciones las que determinan el carácter de la educación pública, los símbolos y el ceremonial de la vida pública, el calendario estatal y las fiestas o vacaciones que se disfrutan. Colocado entre las historias y las culturas, el Estado nacional no es neutral; su aparato político es una maquinaria para la reproducción nacional. (p. 39)

Debido a que el grupo dominante ha impuesto en nuestro país una forma de enseñanza, es imprescindible adoptar el multiculturalismo y la política de la diferencia, que supere la política de la dignidad igualitaria asociada al liberalismo clásico. “El liberalismo de la dignidad igualitaria parece suponer que hay unos principios universales que son ciegos a la diferencia” (Taylor, 1993, p. 68).

No vemos otra alternativa para superar la indiferencia y marginación en las que se encuentran los pueblos originarios o etnias ancestrales. Un Estado racista y excluyente ha sido óbice para lograr el reconocimiento de estos (un dato fáctico que debemos considerar es que, según la CVR, el 75 % de víctimas fatales del proceso de violencia política, iniciado en 1980, es quechuahablante[1]). 


II. EL FUJIMORISMO NUESTRO DE CADA DÍA

El fujimorismo surge en un contexto sociohistórico de grave desestructuración social y alarmante crisis económica (fines de los 80). Sus orígenes están signados por las componendas y el clientelismo. Izquierda Unida y el Partido Aprista coadyuvaron a posicionar a un desconocido Alberto Fujimori en el escenario político nacional. La crisis económica marcó un periodo de incertidumbre y anomia social. Una grave crisis institucional era el corolario de gobiernos corruptos e ineficaces. A ello debemos añadir el problema del terrorismo del PCP-SL. El gobierno de Fujimori (con el lema “Honradez, tecnología y trabajo”) surge como salvador de la patria. Esto se ve refrendado luego del autogolpe del 5 de abril de 1992, lo cual fue posible gracias a una alianza cívico-militar y al desprestigio total de los partidos políticos (de izquierda y de derecha por igual). Quiroz (2013) habla precisamente del “régimen bicéfalo de Montesinos y Fujimori” (p. 512).

El periodo del fujimorismo en el gobierno (1990-2000) se caracterizó por el autoritarismo, el clientelismo y el peculado exacerbados. Una autocracia deleznable cooptó todas las instituciones que pudo para concretar sus fines de largo plazo. De este modo, el Poder Judicial, el Ministerio Público, las FF. AA., el Congreso, la ONPE, el Tribunal Constitucional, la prensa, etc. fueron mediatizados y, en muchos casos, pasaron a estar bajo el total control del fujimorismo. Para Pedraglio (2014) “la forma como un aventurero, como Alberto Fujimori, convocó a los poderes fácticos, creó nuevas lealtades y sobre todo terminó de destruir el Estado (del que formaban parte los partidos políticos) y las bases productivas vigentes, fue radical, contundente y sobre todo exitosa” (p. 40). 

La justificación del fujimorismo (Torres y Torres Lara, 2005) fue que la situación político-económica se hizo insostenible y el gobierno de Fujimori estaba en una disyuntiva o callejón sin salida. La Ley 25397, ley de control parlamentario sobre los actos normativos del presidente de la República, publicada el 9 de febrero de 1992, fue la espada de Damocles, colocada por la oposición. De este modo, Fujimori no tuvo otra opción, sino el "contragolpe". 

El 19 de noviembre de 2000 Fujimori renunció desde Tokio. El 7 de noviembre de 2005 Fujimori fue detenido en Chile y, posteriormente, extraditado. Finalmente, fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad (casos Barrios Altos y La Cantuta). No obstante, Fujimori se encargó de “cederles la posta” a sus herederos políticos, principalmente a su hija mayor. Pero el expresidente nunca se retiró definitivamente a sus cuarteles de invierno.  

Una cuestión surge claramente: ¿por qué, a pesar de las pruebas contundentes de corrupción, peculado, cooptación, etc. el fujimorismo sigue siendo aceptado por un significativo porcentaje de la población?

En la segunda elección presidencial del 2016, Keiko Fujimori obtuvo el 49.880 % del total de votos válidos, que representa 8’ 555880 votantes[2].“Roba, pero hace obras” sigue siendo el dicho preferido en el imaginario de los votantes peruanos. Estos mismos votantes olvidan un hecho fundamental: “el fujimorismo aparece permanentemente asociado a intereses criminales” (Vergara, 2018).

Replanteamos entonces nuestra interrogante: ¿por qué una organización asociada constantemente a intereses subalternos e ilegales sigue contando con significativo apoyo popular? 

El fujimorismo parece ser un “mal necesario” en la política peruana. Los seguidores o simpatizantes de Alberto Fujimori lo siguen considerando como el “mesías” que salvó a la patria del terrorismo y la hiperinflación. Asimismo, consideran terriblemente injusta la condena de 25 años que le fue dada.

III. LA MATRIZ AUTORITARIA

Fujimori asumió el rol de caudillo autoritario que se enfrentó a problemas sociales acuciantes y tuvo mucho éxito. De esta forma, Fujimori es parte de una tradición política en nuestro país. Como lo señala Flores Galindo (1999), la presencia del Ejército en la vida política del país es una constante en la República. La alianza cívico-militar iniciada en 1991 le permitió a Fujimori gobernar a sus anchas. Su proyecto político era de largo plazo y no tuvo reparos (ni escrúpulos) para mantenerse en el poder desde 1990 hasta noviembre del 2000, cooptando y mediatizando todas las instituciones políticas que pudo. Un operador clave fue Vladimiro Montesinos. Sin embargo, no debemos soslayar que los grandes empresarios apoyaron convenientemente (y entusiastamente) a Fujimori. 

Es el caso de un outsider político que llegó a tener mucho éxito y se convirtió en un político muy popular. Fujimori fue un caudillo carismático autoritario, que supo capitalizar el gran descontento y desilusión de la ciudadanía a fines de los 80 y comienzos de los 90. Odría, Sánchez Cerro, Leguía, Alan García, etc. fueron también caudillos autoritarios con mucha popularidad durante sus gobiernos. Nuestra sociedad está agobiada por caudillos histriónicos y autoritarios. Y no solo han proliferado en el escenario político, sino además en el hampa, las barras bravas, las empresas, etc. ¿Hay alguna forma de superar el caudillismo en una sociedad autoritaria como la nuestra?


A MANERA DE CONCLUSIÓN
El fujimorismo es un fenómeno político y social que surge en un contexto histórico muy particular, en el cual las organizaciones políticas estuvieron muy desprestigiadas y la desestructuración social fue muy grave. La violencia política descontrolada a finales de los 80 provocó traumas en el imaginario de la sociedad peruana, principalmente en Lima y en localidades de la Sierra Sur, donde en muchos casos los pobladores quedaron atrapados entre dos fuegos: la insania senderista y la represión indiscriminada del Estado.
Fujimori se valió del clientelismo y patrimonialismo para llevar a cabo su proyecto político de largo plazo (en el camino hizo alianzas con las FF. AA. y con empresarios poderosos aglutinados alrededor de la Confiep). Representa lo peor de una tradición política muy enraizada en nuestra vida social.

REFERENCIAS

Castro, A. (2007). Un debate previo y epistemológico sobre el Estado, la nación y la estratificación en el Perú. En O. Plaza (coord.). Clases sociales en el Perú: visiones y trayectorias (págs. 199-228). Lima: PUCP, Cisepa.

Flores Galindo, A. (1999). La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú. Lima: Sur Casa de Estudios del Socialismo.

González Prada, M. (2005). Pájinas libres. Lima: El Comercio.

Kymlicka, W. (2002). Estados multiculturales y ciudadanos interculturales. Recuperado el 25 de octubre de 2019 de

López, S. (2007). Ciudadanos reales e imaginarios. Lima: Instituto Diálogo y Propuestas.

López, L. (1996). No más danzas de ratones grises: sobre interculturalidad, democracia y educación. En: Godenzzi (compilador). Educación e interculturalidad en los Andes y Amazonía. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas.

Pedraglio, S. (2014).Cómo se llegó a la dictadura consentida. El gobierno de Alberto Fujimori: 1990-1992. Tesis para optar el grado académico de Magíster en Sociología con Mención en Sociología Política. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Ciencias Sociales, Lima. Recuperada el 8 de enero de 2020 de


Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Lima: IEP.

Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Planeta.

Taylor, Ch. (1993). El multiculturalismo y la “política del reconocimiento”. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Torres y Torres Lara, C. (2005). Testimonio político. Lima: Asesorandina.

Vergara, A. (2018, 22 de octubre). El fujimorismo ha sido un mal innecesario para Perú. The New York Times. Recuperado el 8 de enero de 2020 de https://www.nytimes.com/es/2018/10/22/opinion-fujimorismo-innecesario-peru/
Walzer, M. (1998). Tratado sobre la tolerancia. Barcelona: Paidós.

Jaime N. Gamarra Jr.
Escritor y gestor cultural de la UNMSM


[1] Véase: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php

jueves, 24 de octubre de 2019

El fascismo nunca se fue de Chile



El fascismo nunca se fue de Chile

   El modelo de desarrollo impuesto a partir de Bretton Woods está liquidado. No da para más. El FMI, la OMC, la OEA, etc. son instancias que han impuesto a los países llamados del Tercer Mundo políticas económicas y "recomendaciones" que solo han servido para acrecentar los enormes antagonismos sociales y las inequidades,  favoreciendo a las élites locales a expensas de la clase trabajadora y las masas campesinas en proceso de proletarización desde hace varias décadas. 

   Chile es uno de los países donde fue aplicado "ejemplarmente" el modelo económico neoliberal y el Estado mínimo (los Chicago Boys fueron los paradigmas de la política económica chilena), luego de la implantación de un régimen fascista (setiembre de 1973) que persiguió con terror y extrema crueldad a los opositores políticos y a todo aquel que consideró “enemigo”. El resultado fue la eliminación física y la “desaparición” de miles de estudiantes, obreros, campesinos e intelectuales que se opusieron (incluso algunos con las armas) a un régimen criminal, auspiciado por los Estados Unidos y otras potencias imperialistas. 

   Ese fascismo nunca se fue, a pesar de los sucesivos gobiernos de la Concertación y de la “izquierda oficial” (PS). Es que los libertarios lo hemos denunciado siempre: el Estado y sus Fuerzas Armadas y Policiales (cancerberos) son los enemigos de la libertad y de los trabajadores. En todas partes es así (Chile, Perú, Ecuador, China, EE.UU.), etc. El gobierno ultraderechista de Piñera ha decretado el toque de queda y los milicos han salido a las calles y, tal como lo denuncian los compañeros de la región chilena, el terror ha sido diseminado en un contexto de “democracia” y supuesto respeto de los derechos humanos (¿de quiénes?). Las detenciones arbitrarias no cesan, los muertos ya excedieron los 20, hay agresiones sexuales a compañeras por parte de milicos y carabineros, etc. El terrorismo de Estado como en épocas nefastas. La represión salvaje en consonancia con el predominio del principio de autoridad. 

   Como lo denuncia la Federación Anarquista Santiago, el gobierno derechista viene desarrollando una estrategia comunicacional que quiere internalizar la idea de que se trata únicamente de un “conflicto de seguridad”, en donde la prioridad es restablecer el orden y la legalidad (a toda costa, es decir a sangre y fuego). Ya son más de 5400 detenidos hasta el 22 de octubre (según la Fiscalía chilena), más de 250 personas heridas de gravedad y el gobierno “pretende ocultar su responsabilidad”. Como lo señalan los compañeros de El Sol Ácrata en el número especial de octubre: "Ha quedado al descubierto el verdadero rostro de esta democracia putrefacta al servicio del capital, dispuesta a asesinar para garantizar sus propiedades e intereses...".
  
   Este terrorismo de Estado debe ser detenido y la represión indiscriminada debe cesar. Una verdadera huelga general es el camino para hacerle sentir al gobierno que los trabajadores ya perdieron el miedo y están hartos. Ni los politiqueros oportunistas de siempre (del PC y del PS) ni los recientes tienen cabida en esta eclosión social del elemento más combativo del pueblo. La solidaridad de todos los internacionalistas es necesaria más que nunca. Para que el fascismo de ayer no alce el vuelo y sea liquidado para siempre en las sombras infaustas de la historia.


Korriente A

https://www.telesurtv.net/news/chile-represion-protestas-torturas-detenidos-crucificados-20191024-0026.html


https://radio.uchile.cl/2019/10/23/protestas-en-chile/

martes, 8 de octubre de 2019

Cultura popular y rock de los 80



JUST WHAT I NEEDED.
Algunos apuntes sociológicos sobre el rock de los 80


The noise electric
Never stops
Ric Ocasek


Intro
   Una cultura de masas moldeada por la globalización tiene como idioma oficial el inglés, aunque en Perú esto es patente desde mucho antes de que se popularizara el término “globalización”. Como dice Baudrillard en La sociedad de consumo: “la americanidad es (…) la lógica misma de la cultura contemporánea”. La International Petroleum Company, de la familia Rockefeller, inició sus operaciones en Talara en 1915 y se mantuvo hasta fines de los 60. Fue en Talara (y en otros lugares cercanos) que se estableció una comunidad planificada a la manera del american way of life, donde el inglés fue el idioma oficial y generaciones de estadounidenses con sus familias fueron muy felices, pues no les faltó nada: tuvieron colegio, barrio propio, club y playa privada. Tuvieron más privilegios que la misma población local (aunque esto no debe sorprender a nadie).  La globalización se inició entre nosotros desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Se puede colegir que en la Talara de la IPC y otros enclaves Sinatra y otros crooners fueron muy populares antes (y, eventualmente, en mayor grado) que Chabuca Granda y Los embajadores criollos. 

Born in the USA

Fueron los 80 una década de grandes cantantes y grupos de música popular en inglés. El estilo predominante, comercialmente hablando, fue el pop. Madonna, Phil Collins, Michael Jackson, Cindy Lauper, Bruce Springsteen, entre otros, fueron los cantantes más exitosos de esa década que causaron un verdadero furor y fueron elevados a la categoría de ídolos totémicos. Recuerdo ahora a mi profesor César Germaná en primer año de Sociología en San Marcos, recalcándonos que los gustos son predominantemente sociales. Aunque desde esa década hasta ahora se han producido —y se vienen produciendo— grandes cambios estructurales alrededor del mundo del trabajo y de la economía, lo que señaló mi profesor sigue siendo certero. Como lo dijo Daniell Bell en Las contradicciones culturales del capitalismo: “A medida que se disuelve la estructura social tradicional de clases, es cada vez mayor el número de individuos que desean ser identificados, no por su base ocupacional (…), sino por sus gustos culturales y sus estilos de vida”. Por esos años, mis amigos y yo —todos de clase media para arriba— estábamos pendientes de los grandes referentes (productos) de la cultura popular norteamericana. Todos estudiábamos en colegios privados. La música popular peruana casi no existía para nosotros. Irónicamente, mis tíos maternos habían formado a mediados de los 80 un grupo de música latinoamericana, que difundía música de protesta de grupos como Tiempo Nuevo (incluso antiyanqui). 

      Margaret Thatcher, Ronald Reagan, el Papa Juan Pablo II, Felipe González, entre otros líderes políticos mundiales, marcaron la realpolitik de la década del 80 señalando una ola conservadora y neoliberal, sobre todo anticomunista, en la política global. En Latinoamérica tuvieron, cómo no, sus epígonos. No olvidemos que eran los años finales de la Guerra Fría. El Gendarme del Mundo era (y sigue siendo) EE. UU. En los 80 los yanquis armaron a la Contra para derrocar a los sandinistas en Nicaragua, invadieron Granada y Panamá, apoyaron logísticamente a regímenes centroamericanos de ultraderecha, metieron sus narices en Afganistán, etc. Es decir, estuvieron muy activos luchando a favor de la “libertad” y la “democracia”, así como exportando juguetes bélicos como Rambo, que inicia la saga en 1982. Como dice Henry Giroux en La escuela y la lucha por la ciudadanía: "En una época de chovinismo militante, con su alabanza de las imágenes del bien y el mal al estilo Rambo, junto con un total desprecio por el sufrimiento históricamente acumulado, el punto de vista conservador de la historia y el ensalzamiento de las viejas virtudes republicanas no parece ser otra cosa más que una apología del statu quo...".

https://actualidad.rt.com/actualidad/view/104410-intervenciones-militares-eeuu-ultimos-anos

Pop goes the World

   La sociedad de consumo de aquellos años tenía en el pop a su himno de batalla. Música edulcorada y muy fácil de consumir.  Ciertamente, la virtuosidad del rock progresivo de grupos como Yes, Pink Floyd, Genesis (con Peter Gabriel como frontman), etc. ya había quedado atrás. Señala Baudrillard en La sociedad de consumo: “Si la sociedad de consumo está empantanada en su propia mitología, si carece de una perspectiva crítica de sí misma y si allí estriba precisamente su definición, en ella no puede haber arte contemporáneo que no sea transigente, cómplice, en su existencia misma y su práctica, de esta evidencia opaca”. Michael Jackson y Madonna son los bienes (y productos) culturales mejores logrados de una cultura de masas autocomplaciente. Según Wikipedia, Thriller (1982) es el álbum más vendido de todos los tiempos, con ventas estimadas en 65 millones de discos en todo el planeta. 

   El predominio de la música pop, sin embargo, no impidió que el rock en Inglés también cosechara grandes éxitos en los charts locales. Grupos como Dire Straits, The Police, Toto, A-ha, The Cars (grupo de new wave), Tears for Fears, OMD, etc. también fueron muy sonados (algunos hasta el cansancio). El rock en español empieza a difundirse con fuerza a partir de la segunda mitad de los 80. Grupos como GIT, Virus, Soda Stereo, El Tri, Los Abuelos de la Nada, etc. marcaron a mi generación.


Everybody wants to rule the World
  

   En un contexto señalado por Bell en 1987, de maduración de la “tercera revolución tecnológica”, la música popular de los 80 —sobre todo el rock— tiene una gran influencia en las nuevas generaciones de músicos y consumidores. Sirva el presente texto como un homenaje a la música popular en inglés de los 80, además como un ajuste de cuentas, en forma positiva, con un pasado clasemediero afortunado gracias a mis padres. Uno no elige su propia niñez. Y la cultura popular norteamericana tiene representantes extraordinarios en el cine y en la música a lo largo de toda la década del 80.

Jaime Gamarra Zapata
Escritor y gestor cultural de la UNMSM


jueves, 11 de octubre de 2018

De sátrapas y caudillos

De sátrapas y caudillos histriónicos

The dark night gave me black eyes
But I use them to seek the light.
Gu Cheng

   La señora K ha tenido la mala suerte de cruzarse en el camino con un juez “canero”. Miles celebraron la detención preliminar de la ex primera dama como si, súbitamente, la justicia divina y la terrenal se hubieran dado la mano en epifanía sobrenatural. Olvidan que la justicia no podrá ser alcanzada plenamente en este país con una estructura social básica de ancestrales lacras (lejos del “velo de ignorancia” de Rawls). La corrupción no es la tara principal, como tantos afirman. Los fujimoristas creen que su líder máximo es el Mesías salvador de la patria. No les interesa que haya sido condenado por corrupto (peculado) y por dilapidar escandalosamente el erario nacional. El sátrapa le entregó quince millones de dólares a su socio Montesinos por sus servicios a favor del régimen (vía Decreto de Urgencia Nº 091-2000 del 19/09/2000). “Robó, pero hizo obras” es la consigna que ha sido internalizada por los Fujimori lovers. Empresarios exitosos como José Chlimper están convencidos de que Fujimori era el gurú que el país necesitaba luego de décadas de estatismo e intervencionismo descarado. Lo paradójico es que ni el intervencionismo ni el mercantilismo fueron suprimidos. En los 90, Fujimori usó el clientelismo y el patrimonialismo (rentismo) de una forma arbitraria y cínica. Ciertamente, otros políticos hicieron y hacen lo mismo. No hay nada nuevo bajo el sol por estos lares.


   El fujimorismo es un fenómeno político y social que surge en un contexto histórico muy particular (comienzos de los 90), en el cual las organizaciones políticas estaban muy desprestigiadas y la desestructuración social era muy grave.




Extraído de:
https://max-elblog.blogspot.com/2011/11/caudillo.html


   La hija del sátrapa quiere reivindicar el legado político del padre. La organización que lidera está conformada por incondicionales y sumisos adláteres. La palabra de la jefa es ley. Así ocurría en el denominado “Partido del pueblo”. Solo los disidentes osaron contradecir al Maestro. En organizaciones verticales y milenaristas como el PCP-SL la impugnación representaba una condena mortal. ¿Son los centros oficiales de adocenamiento (v. gr. escuelas) los únicos responsables de que caudillos histriónicos y carismáticos se entronicen con toda libertad en el Perú? ¿Qué tanto en común tienen caudillos histriónicos como Haya de la Torre, Fujimori, Alan García, etc.? El autoritarismo es un viejo mal que se debe combatir aunque se sepa, de antemano, el resultado.

Márlet Ríos





Extraído de: http://www.slate.com/articles/news_and_politics/foreigners/2016/09/donald_trump_is_a_latin_american_strongman.html