lunes, 1 de junio de 2020

¿Gobernar para quiénes?



GOBERNAR PARA EL 99 %
Y NO PARA EL 1 % EN EL PERÚ


En el Perú las grandes empresas representan el 0.24 % (9182) del total de empresas, los ricos son el 0.5 % que representan a “más de 17 mil millonarios en nuestro país”[1], y contamos con 6 afamados mil millonarios que tienen negocios algunos de ellos cuasi monopolios en el sector minero, financiero, farmacéutico, y alimentario: Carlos Rodríguez Pastor, Vito Rodríguez, Ana María Brescia Cafferata, Eduardo Belmont Anderson, Eduardo Hochschild, y Jorge Rodríguez Rodríguez. Estos grupos económicos y otros menos afamados que forman parte de la clase empresarial y la clase alta peruana han sido y siguen siendo los mandantes y dueños del Perú.

Por un lado, estos dueños del Perú en los casi 30 años de hegemonía neoliberal y gobiernos autoritarios y “democráticos”[2] -incluido el de Vizcarra- han llevado a la ilusión que por haberse constituido vía elecciones ha mandado el pueblo; sin embargo, son ellos, sus elites, los medios de comunicación y sus lobbies los que han mandado y siguen mandando a través de sus monopolios de facto, privilegios tributarios, clubes de negocios (el Club de la construcción es ejemplizador), paraísos fiscales “legales”, elusión y evasión tributaria, derechos laborales recortados, negacionismo y expropiación de derechos de pueblos indígenas u originarios, violencia empresarial (como en el Valle de Tambo, Tambogrande y Conga); prácticas que han sido y son fuentes de apropiación y acumulación de capital, y la profunda y extendida exclusión social en el país.

Por otro lado, gobiernos y una institucionalidad estatal capitalista que no solo han legitimado sino profundizado toda la estructura de apropiación de la riqueza, la precariedad de derechos laborales, y la negación de derechos de los pueblos originarios/indígenas; asimismo, han legitimado la precariedad y la exclusión estructural de millones de cuasi ciudadanos que no solo han estado fuera de la economía neoliberal sino fuera de la órbita de decisiones del poder político.

La mayoría del 99 % que son lo no ricos y no grandes empresarios, y que tienen rostro de cachueleros, taxistas, mototaxistas, pescadores artesanales, ambulantes, campesinos, jornaleros agrícolas, trabajadoras del hogar, pequeños agricultores, pequeños empresarios, independientes y un largo etcétera son los que no han mandado, y que han tenido que vivir y sobrevivir con servicios privatizados caros y servicios públicos precarios; sin embargo, han tenido que obedecer las decisiones de gobiernos y un Estado excluyente que ha gobernado fundamentalmente para  los negocios del 0.5 % y 0.24 %, dentro un sentido común extendido de las élites y tecnócratas en el Estado que han normalizado y profundizado dichas anormalidades.

En el país se trata de que el 99 % se reapropie del poder delegado y apropiado por las clases mandantes, y que gobiernen las mayorías que en el pasado y en el presente siguen siendo excluidas en un país que las ha invisibilizado.

Soc. José Antonio Lapa Romero




[1] Unos 880 peruanos con más de 10 millones de dólares. Otros 300 con más de 30 millones de dólares.  Alrededor de 37 peruanos con más de 100 millones de dólares. Y al menos 5 con más de mil millones. En: OXFAM. Riqueza y desigualdad en el Perú: vision panorámica. 8 de febrero de 2019. Consulta: 31 de mayor de 2020 <https://peru.oxfam.org/latest/policy-paper/riqueza-y-desigualdad-en-el-per%C3%BA-visi%C3%B3n-panor%C3%A1mica>
[2] Gobiernos elegidos vía elecciones pero que están atravesados de prácticas autoritarias como la criminalización de protesta y los estados de emergencia permanente para garantizar los intereses de los sectores empresariales.







El APOYO MUTUO Y LA SOLIDARIDAD EN TIEMPOS DE CRISIS

-¿Cuántas leyes hay en el Perú.
 -Una sola sola.
  -¿Cuál es?
  -La ley del embudo.
 -¿Quién se mama la punta?
 -Los pobres.
          Manuel Atanasio Fuentes


INTRODUCCIÓN

Frente a las crisis económicas y sociales devastadoras, la resistencia heroica de las comunidades y los pobladores organizados se manifiesta en un sinfín de organizaciones y grupos de hombres y mujeres, quienes aprenden a configurar en su práctica social concreta una relación social basada en la cooperación, el apoyo mutuo, la horizontalidad y la solidaridad entre iguales. De esta manera, asociaciones de pobladores de AA. HH., comedores populares, juntas de vecinos, clubes de madres autogestionarios, comités y asociaciones de productores, entre otros grupos ya sea en la urbe como en el mundo rural, se convierten en espacios de lo público donde los individuos –siempre y cuando estos no se encuentren soliviantados por intereses mezquinos– se interrelacionan horizontalmente aprendiendo una real democracia directa, en un régimen de autogobierno o selfgovernment. Lo que dijo Kropotkin en El apoyo mutuo sobre la sociedad de su tiempo, bien lo podríamos suscribir ahora: “Todas estas asociaciones, sociedades, fraternidades, alianzas, institutos, etc., que actualmente se cuentan a millares en Europa, representando cada una inmensa suma de trabajo voluntario, sin ambición o poco retribuido, ¿qué son sino otras manifestaciones, bajo una variedad infinita de aspectos, de esta perpetua tendencia del hombre hacia el apoyo mutuo y la ayuda recíproca?...”[1].

AUTOORGANIZACIÓN

Al respecto, según un artículo de Armando Millán[2], quien menciona la Encuesta sobre Donaciones y Trabajo Voluntario hecha por la Asociación Calandria en 1998 en Lima, Arequipa, Trujillo y Cusco; podemos extraer que el trabajo voluntario se concentra preferentemente en asociaciones de vecinos, comités de vaso de leche y comedores populares (el 85.4 % de los 1305 encuestados aquella vez aseveró estar de acuerdo con la noción de que “Todos tenemos una responsabilidad moral de realizar trabajo voluntario en algún momento de nuestras vidas”).

   Todo esto sin contar las asociaciones de artesanos, confeccionistas, comerciantes y productores en general, las cuales surgen con el propósito central de que los socios o los miembros progresen económicamente; pero se desarrollan siguiendo principios de autoayuda, solidaridad y apoyo mutuo.

Sin embargo, debemos señalar que esto no es unívoco y rígido, ya que a veces surgen problemas serios en el seno de estas organizaciones o asociaciones, impidiendo o constriñendo el régimen de libertad y la razón comunicativa; al presentarse y reproducirse relaciones de poder tradicionales y pugnas políticas (cuando aparecen móviles encubiertos y los intereses de poder) entre los vecinos o miembros de la organización. Aun la apatía juega un rol importante. Ciertamente también el patrimonialismo y el clientelismo constituyen factores disociadores, al tratarse de males sociales muy arraigados en nuestra sociedad.

La idea de autonomía individual, que es la base del selfgovernment o autogobierno, la expresó hace más de dos siglos el filósofo William Godwin en su obra The Enquirer:

    “El hombre es una criatura que le apasiona actuar por sí mismo; y las acciones ejecutadas en esta forma, tienen infinitamente más de salud y vigor en ellas, que las acciones a las que se ve impelido por una voluntad extraña a su propio ser”.

APOYO MUTUO VERSUS CONCEPCIÓN ESTADOLÁTRICA

Una experiencia concreta de autoorganización y apoyo mutuo se dio en el departamento de Lima. Involucra la participación decidida de una comunidad, que decidió aprovechar sus inmensas capacidades y su know-how.

La comunidad campesina de Cullpe se localiza a 92 kilómetros del sur de Lima. También pertenece a Huarochirí. Según el investigador Eduardo López Ayala[3], Cullpe está conformada por unas 30 familias, emparentadas entre sí. La inmensa capacidad creativa y la heroica organización –con fuerte autonomía– de la comunidad salió a relucir hace unos años. De esta forma:

 “Para la toma de decisiones, la participación organizada de la comunidad se realiza de manera concertada, considerando a hombres y mujeres. Esta institucionalidad es el espacio democrático para la discusión, el debate y la formulación de propuestas. La organización social ha sido un elemento clave en el desarrollo endógeno de la comunidad, que ha permitido la mejora de sus sistemas de cosecha de agua”[4].

Problemas acuciosos como la disminución de la producción agropecuaria, escasez de agua, deforestación y fenómenos naturales como sequías y heladas; llevaron a los comuneros a buscar soluciones concretas.  De esta manera, estos buscaron la forma de hacer un uso más eficiente del agua y aprovecharon algunas tecnologías ancestrales “como el empleo del estiércol del ganado y animales menores, la rotación y asociación de cultivos, el descanso de las tierras para la recuperación de su fertilidad, y las técnicas para la cosecha del agua de lluvia”.

En esta búsqueda de soluciones, algunos comuneros visitaron la represa de Gallito Ciego. Es así que deciden iniciar la construcción de la represa de Yanisiri, con una capacidad de almacenamiento de 60 000 metros cúbicos de agua.

Es digno de destacarse, que la construcción de esta represa fue efectuada por la comunidad con recursos propios, esto es bajo la forma de autogestión. Ni el Estado ni otro ente heterónomo –ajeno a la comunidad– intervinieron. La comunidad demostró un sentido de  innovación y una capacidad creativa que debería ser imitada. Para el uso más eficiente del agua de la represa, aprovecharon las tecnologías conocidas. Según López,  “la información sobre riego tecnificado (goteo, aspersión y microaspersión) la obtuvieron los comuneros a través de los programas de televisión y radio, que se transmiten de madrugada”. Asimismo, hicieron uso de lo que se conoce como “riego tecnificado cholo” (reciclaron cientos de millares de latas pequeñas de conservas y les colocaron una porción de lana de oveja con agua).

A MANERA DE CONCLUSIÓN

   De esta manera, apreciamos que ningún poder heterónomo y castrante puede menoscabar y eliminar la libre iniciativa y la voluntad de los individuos autoorganizados para vivir dignamente, desarrollando todas sus capacidades y aptitudes posibles, sin intervención de políticos, ministerios, gobiernos regionales y escapando como electrones libres de la red estatal y la nefasta concepción estadolátrica.

Márlet Ríos, escritor y gestor cultural




[1] KROPOTKIN, P. El apoyo mutuo. Santiago de Chile, 1939, pp. 368/369.
[2] MILLÁN, Armando. “¿Somos solidarios los peruanos?”. En: Revista Punto de Equilibrio, N° 55, julio-agosto 1998, pp. 43-45.
[3] Véase: LÓPEZ AYALA, Eduardo. “Cosecha del agua y participación organizada de la comunidad en Cullpe”. En: LEISA, revista de Agroecología. Volumen 19, N° 2. Recuperado el 31 de mayo de 2020 de
[4] Ibídem, s/p.



miércoles, 27 de mayo de 2020

El miedo y la crisis actual


EL MIEDO Y EL VIRUS EN PERÚ

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Alejandro Dumas

El miedo manejado es la peor de las pandemias. La sobreinformación, las idas y vueltas sobre la forma de contagio o las posibles curas sobre el virus son utilizadas por los gobiernos a su antojo, y más aún en un país como el nuestro donde la corrupción está generalizada desde el presidente hasta el que tiene un pequeño negocio, con un Poder Judicial manejado por mafias, un sistema de salud que ya estaba colapsado desde antes del virus y unas fuerzas armadas y policiales con altos mandos prestos a poner sus garras sobre cualquier oportunidad.

Pero aquí, lo que me ha sorprendido realmente es ver a demócratas pidiendo “mano dura”, a gran porcentaje de la población emocionada con los discursos “paternales” del presidente, la falta de empatía para con los necesitados, los que viven del día a día y los que han perdido su trabajo por no tener la “suerte” de un oficio “acorde con los tiempos” o no poder adaptarse al trabajo online.

Los que creemos en la democracia vemos con terrible desagrado las imposiciones que recortan o delimitan las libertades individuales, pero esto lo avala el Miedo, miedo al contagio, miedo a la muerte; palabras como “infectados”, “pandemia” y el constante conteo de muertos y contagiados han sacado no lo mejor, sino lo peor de mucha gente. Mi padre, que vivió de niño la Segunda Guerra Mundial, me dijo que una de las peores cosas que pasó en Italia fue una campaña de los gobiernos de Alemania e Italia en conjunto, que pedía a la población que denunciase si existía algún judío o traidor a la patria y donde cualquiera acusaba a su vecino o incluso familiar ante las autoridades (pogroms). Ahora veo con indignación a gente que acusa que su vecino sacó el perro, que afuera van de a dos al mercado, que tal conocido está corriendo en el parque, etc. 

Y los mayores, se ha dicho tanto de ellos, que muchos se están muriendo o deteriorando por depresión, “si salen se van a infectar”, “hay que cuidarlos”, “población de riesgo”, etc. Me apenan mucho las miradas que tienen, la falta de humanidad de sus familiares, todo por “cuidarlos”.

El Miedo hace daño, mucho más daño que el mismo virus, baja la inmunidad, los anticuerpos se debilitan, crea paranoia, obsesiones, etc. En muchos casos inclusive enferma a la persona. ¿Cuántas enfermedades son provocadas por sugestión? ¿cuántas personas que no han tenido el virus tienen todos los síntomas? De eso no hay cifras.

El miedo no cree en otras opiniones, en otra visión que no sea la de la paranoia oficial y a cualquier persona que “atente” contra su visión de “seguridad” será tildado de “irresponsable”, “opinólogo”, “conspiranoico” y hasta traidor a la patria. Por eso se ven muchos casos de insultos a las personas que difieren de la versión oficial de los hechos.

Espero que este miedo no deje estragos a largo plazo, pero temo que tendremos (además de la crisis económica) varios años de estudios y terapias sobre las secuelas psicológicas que esta gran campaña sicosocial ha creado.

Giuseppe Risica





Foto de Robert Capa, julio de 1944.


MIEDO Y PANDEMÓNIUM SOCIAL EN TIEMPOS DE CRISIS

La fotografía de arriba fue tomada en julio de 1944 por el legendario fotógrafo Robert Capa. Era Chartres, donde una mujer francesa, con su hijo en los brazos, fue detenida por la policía. El delito: haber sostenido relaciones sexuales con un soldado alemán, producto de las cuales nació el niño. Era rodeada por una multitud que hacía escarnio de ella y la amenazaba sin tregua. Había sido rapada y humillada previamente. Terror, ansiedad, euforia, psicosis colectiva, irracionalidad, falta de empatía, crueldad, etc. se confunden como letanías en una foto icónica. La liberación de París se produciría poco después.

El miedo es un instinto básico que puede salvarnos la vida, pero también puede convertirnos en verdaderos monstruos inmisericordes. Este miedo puede ser (y es) aprovechado por los gobiernos de turno muy eficazmente. Durante periodos históricos concretos se ha dado este proceso de internalización y hábil manipulación política. El caso de la Alemania de los 30 y 40 es bien conocido, aunque no es el único. Como dice Chomsky: “Son muchas las causas de los acontecimientos históricos complejos. Un factor crucial en este caso fue la hábil manipulación del miedo. La ‘gente común’ fue arrastrada al miedo de una conspiración mundial judío-bolchevique que pondría en riesgo la mismísima supervivencia del pueblo alemán. Eran necesarias medidas extremas, en ‘defensa propia’. Venerables intelectuales fueron aún más lejos”[1].

Hoy en día, al parecer la historia se repite en algún sentido. El Gobierno peruano tiene carta libre, debido a su legitimidad producto de una gran popularidad (más del 70 %, según las encuestas de opinión). Es decir, miles han perdido sus trabajos, otros tantos han quedado endeudados, muchas empresas y negocios particulares han quebrado, los hospitales y el sector de salud son calamitosos (desde mucho antes de la pandemia), hay recesión, etc.; pero, la “estrategia” del Gobierno está siendo respaldada tácitamente por muchos ciudadanos. El estado de emergencia y el recorte de libertades individuales son aplaudidos por muchos que piden, a su vez, más “mano dura” y violencia. ¿Es increíble que pase esto en un país que fue asolado durante más de 20 años por un proceso de violencia política muy fuerte? ¿Hay una matriz autoritaria inherente históricamente a la sociedad peruana que no se puede negar? ¿Por qué en épocas de crisis y angustia generalizada nos cuesta tanto ser empáticos, solidarios y racionales? Al parecer el miedo y la manipulación política van de la mano como el alcohol y el jabón en épocas de pandemia.

Márlet Ríos



[1] Véase: CHOMSKY, N. “Recurrir al miedo”. Recuperado el 27 de mayo de 2020 de https://malsalvaje.com/2019/12/16/recurrir-al-miedo-un-texto-de-noam-chomsky/



Mujer judía acosada por la multitud en el pogrom (Ucrania)
Disponible en Wikipedia

domingo, 24 de mayo de 2020

Los profetas de la crisis y una explicación sociológica


¿POR QUÉ LOS MARTILLAZOS NO APLANAN EL COMPORTAMIENTO SOCIAL?: UNA MIRADA DESDE LA SOCIOLOGÍA


En el Perú hemos llegado a 92 273 casos de personas contagiadas con COVID-19 y un índice de letalidad de 2.78. Aunque varias regiones se encuentran desbordadas, el Gobierno en su sano optimismo y voluntarismo sostiene que ya estaríamos llegando a la cima de la meseta, no obstante el voluntarismo gubernamental se estrella con la dura realidad estructural peruana atravesada de exclusión y precariedad estatal. Por lo que en las siguientes líneas intentaremos dar respuesta a lo siguiente: ¿por qué los martillazos no aplanan el comportamiento social que se expresa en incremento del contagio? y ¿por qué en algunas regiones se ha producido el desborde y en otras no? Para ello emplearemos algunas variables económicas, sociales y políticas: precariedad laboral, nivel de pobreza, concentración urbana, nivel de ruralidad, densidad organizacional, precariedad del servicio de salud y eficacia de las políticas estatales.

1. LA RAZÓN ECONÓMICA PARA EL NO APLANAMIENTO

En el Perú los sucesivos gobiernos, prensa y los sectores empresariales han marketeado una supuesta economía exitosa neoliberal peruana, candidata a un pronto ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y que ahora se acoge a la suspensión perfecta de labores o que en especial muchas grandes empresas han sido beneficiarias del plan de reactivación económica del Estado; sin embargo, más allá de nuestro limitado glamour económico ha existido por décadas, y convivido con dicha economía, una economía de sobrevivencia donde 73 % son informales, y “40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$4 y US$10 diarios” .

Mirado así, el comportamiento social exigido por el Gobierno ante la pandemia termina siendo aplanado por el comportamiento económico porque predomina la necesidad de ganarse el pan diario de una mayoría de los sectores populares de la sociedad peruana –el retiro de la CTS o de los fondos de la AFP es solo para un sector de la clase trabajadora “privilegiada”– constituida dentro de economías de sobrevivencia. Estos sectores populares han tomado por asalto por décadas las calles, los mercados, el cachueleo, los trabajos  con escasos derechos laborales o sin derechos laborales más que el salario o trabajos que en una mayoría son al mismo tiempo hijos de una sociedad y un Estado excluyente. De esta realidad está atravesada Lima, Callao, Piura, Loreto (Iquitos), Lambayeque o La Libertad. En estos casos está claro que los factores relacionados a alta precariedad laboral, niveles medios de pobreza y la alta concentración de población urbana –que vive en su mayoría en la precariedad– influyen en el incremento de los niveles de contagio y en el comportamiento social de casi no acatamiento de la cuarentena, y no tiene que ver con el sentido común extendido que atribuye la tragedia de estas regiones a una filiación política fujimorista o al poco nivel educativo.

Aunque es importante mirar que el nivel de pobreza es un factor variable en la explicación porque si uno mira las regiones más pobres históricamente como Huancavelica, Cajamarca, Huánuco o Apurímac, son al mismo tiempo las que menos casos de contagio tienen debido a factores relacionados al mayor nivel de conexión o desconexión geográfica y el nivel de ruralidad. 

2. LA RAZÓN SOCIAL PARA EL NO APLANAMIENTO

La razón social está relacionada a cuatro factores: 1) nivel de concentración de población urbana; 2) nivel de conexión o desconexión geográfica; 3) nivel de ruralidad; 4) cultura de la informalidad. Las regiones del país que tienen mayores niveles de contagio son al mismo tiempo regiones o capitales de región que presentan además de la precariedad laboral, altos niveles de concentración de población urbana como Lima, Callao y regiones como Lambayeque (78 %), Piura (66 %), Loreto (46 %) o La Libertad (66 %). Además, estas capitales de región son centros de migración y alta conexión geográfica a comparación de las regiones donde la menor conexión geográfica y la alta densidad organizacional comunitaria juegan un papel a favor de los menores casos: Cajamarca, Apurímac, Amazonas, Pasco, Puno y podríamos poner Cusco. Esta vez la menor conexión y la pobreza juegan a favor de estas regiones que las convierte paradójicamente en centros de menor atracción de migración y concentración urbana.

Las regiones con mayor población rural y/o que mantienen conexión con el mundo rural son al mismo tiempo las regiones que tienen menores casos de contagio: Apurímac, Cusco, Puno, Huánuco y otros. Así, este mayor nivel de ruralidad genera que las mayores fuentes de alimentación influyan en que en un escenario de pandemia la población pueda en mayor medida no movilizarse o reducir su movilización, a comparación de regiones donde las fuentes de alimentación están concentradas en el ingreso económico o el salario como es en Piura, La Libertad o Lambayeque donde ha habido un crecimiento significativo de áreas de producción pero concentrado en la agroexportación.

Finalmente, la cultura de la informalidad y la cultura de la anomia son muy extendidas en el país y tienen que ver con la forma como se ha constituido la sociedad peruana con base en la marginación, la exclusión y sin mayor “autoridad” dentro de un sentido común exacerbado por los casi 30 años de neoliberalismo peruano de la vida salvaje. 

 3. LA RAZÓN POLÍTICA PARA EL NO APLANAMIENTO

La razón política está relacionada a lo siguiente: 1) la precariedad de servicios de salud pública; 2) eficacia gubernamental y estatal. Es indudable que la pandemia ha sido gestionada con una relativa eficacia comunicacional, mucho voluntarismo y claro en gran parte haciendo pagar la crisis a los que menos tienen, pero que ha tenido serias limitaciones que se han estrellado con una realidad estructuralmente desfavorable. Así, los casos de Loreto donde la crisis se manifiesta en el acceso o no a balones de oxígeno que definen la vida o la muerte, Lambayeque o Piura muestran una realidad nacional desbordada y de precariedad de los servicios públicos de salud que han venido funcionando en todas las regiones del Perú en un mar de precariedades. Además, las políticas públicas estatales para su eficacia requieren ser oportunas, pero cuando tenemos bonos (Yo me quedo en casa, Independencia, Rural o Universal) que llegan luego de más de 15 días o más de 1 mes son días y meses que abren una puerta enorme para el incremento de contagio. Es decir, la poca eficacia estatal de los servicios públicos de salud y las políticas sociales también está relacionada al incremento de los casos e influyen en el no aplanamiento del comportamiento social.

La combinación de estos factores explicativos económicos, sociales y políticos explican el comportamiento social en medio de la pandemia que tiene que ir más allá de los prejuicios o atribución de responsabilidad a la población. Pasa por entender mejor el país y no volver a nuestra absoluta anormalidad.

Soc. José Antonio Lapa Romero

18 de mayo de 2020


Dibujo de Roberto Ojeda Escalante








LOS PROFETAS DE LA CRISIS

Introducción

Ante tantas apreciaciones muy subjetivas y rimbombantes, pero parcializadas, que se dejan llevar ante todo por prejuicios, falacias de generalización, reduccionismos, etc.; somos conscientes de que es necesaria más que nunca una teoría crítica revitalizada, con un enfoque interdisciplinario holístico, que rechace reduccionismos y miradas parciales de la “realidad” peruana. Necesitamos más que nunca teóricos críticos y metodólogos antes que profetas y parlanchines carismáticos. Nuestra patria está o debería estar harta de caudillos y profetas carismáticos que poco bien le han hecho al colectivo.

Metodólogos de combate

¿En realidad estamos en pleno Apocalipsis y vivimos nuestros últimos días en esta viña del Señor? ¿La particular idiosincrasia de los peruanos y su descomunal falta de civismo o civilidad sirven para explicar plenamente la crisis actual? Para muchos legos y no tan legos, el espíritu del nuevo “capitalismo criollo” explicaría suficientemente la crisis actual. Como dice Weber (1984):

en la patria de Benjamin Franklin (Massachusetts) el “espíritu capitalista” (…) existió con anterioridad al “desarrollo del capitalismo”; en cambio, en las colonias vecinas (lo que después fueron los Estados del Sur de la Unión), ese espíritu alcanzó un desarrollo mucho menor, a pesar de haber sido vitalizadas por grandes capitalistas, con fines comerciales, mientras que las colonias de Nueva Inglaterra lo fueron por predicadores y graduados, en unión de pequeños burgueses, artesanos y labradores, con fines religiosos (…). (p. 60)


Variables e indicadores desdeñados por los profetas y los caudillos histéricos deben servir a los teóricos críticos y metodólogos. Una investigación seria, entonces, es requerida. Tal como ayer, necesitamos investigadores que se tomen muy en serio su trabajo. La pasión no está vetada. Solo la charlatanería y la vacuidad serían apartadas. Debemos cribar, depurar y contrastar; y, claro está, recurrir a las fuentes primarias, como si fuese el oráculo de Delfos. Es preciso darnos cuenta de que información no es necesariamente conocimiento y de que nos encontramos en un momento histórico donde predomina el homo videns y la sociedad teledirigida (como diría Sartori). Como lo indican Booth, Colom y Williams (1995):

Nos encontramos anegados de información, la mayor parte empaquetada para conveniencia de los intereses comerciales o políticos de algunos. Más que nunca, la sociedad necesita personas con mentes de capacidad crítica, personas que puedan considerar una investigación, hacer sus propias preguntas y encontrar sus propias respuestas. Sólo después de haber experimentado el proceso incierto y con frecuencia desaliñado de realizar su propia investigación, está en condiciones de evaluar inteligentemente la investigación de otros. (p. 21)

De crisis y profetas

Los lazos de la cooperación, el apoyo mutuo y la empatía se debilitan en tiempos de crisis (pero no se pierden del todo). Una enorme informalidad en el mundo del trabajo entre nosotros puede inclinar la balanza. De este modo: “En tiempos de crisis, en los que es necesario actuar casi exclusivamente por cuenta propia para el beneficio personal y el de las personas más allegadas a uno, los lazos comunales y de solidaridad tienden a disgregarse. La alternativa que ofrece el mundo de la informalidad en muchos casos solo mantiene en el límite de la sobrevivencia a quienes ingresan a él” (Sagasti, Patrón, Hernández y Lynch, 1999, p. 38).

Sin embargo, una población rural en la pobreza nos debería hacer reflexionar que Lima no es el Perú y otras tradiciones culturales y otros logos se siguen manteniendo, a pesar del Estado y los gobiernos de turno. Según el Censo 2017 del INEI, la población rural se acerca a “6 millones 69 mil 991 personas que representa el 20,7 % de la población censada del país”[1]. Un verdadero investigador no debe ignorar esta cifra y otras relevantes para analizar eficazmente la realidad de la crisis actual. Solo los diletantes y los profetas de la crisis las desdeñarían.

Jaime Gamarra Z.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Booth, W., Colomb, G., y Williams, J. (1995). Cómo convertirse en un hábil investigador. Chicago: Gedisa.

Sagasti, F., Patrón, P., Hernández, M., y Lynch, N. (1999). Democracia y buen gobierno. Lima: Apoyo.

Weber, M. (1984). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Sarpe.
Del blog de Milciades Ruiz: https://republicaequitativa.wordpress.com/

martes, 7 de abril de 2020

Apocalypse Now?


LA CRISIS SANITARIA POR EL COVID-19 LA PAGAN LOS POBRES Y LOS TRABAJADORES. ¿Y LOS RICOS Y LOS GRUPOS ECONÓMICOS?


En el Perú tenemos, por un lado, un 0.5 % de ricos que alcanza a “más de 17 mil millonarios en nuestro país. Unos 880 peruanos con más de 10 millones de dólares. Otros 300 con más de 30 millones de dólares. Alrededor de 37 peruanos con más de 100 millones de dólares. Y al menos 5 con más de mil millones”[1], llegando según Forbes a 6 con más de mil millones (Carlos Rodríiguez Pastor, Vito Rodríguez, Ana María Brescia Cafferata, Eduardo Belmont Anderson, Eduardo Hochschild, y Jorge Rodríguez Rodríiguez); y por otro lado, “40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$ 4 y US$ 10 diarios”[2], 6 millones 593 mil peruanos siguen viviendo en pobreza (20.5 % de la población[3]), 73 % trabaja en empleos informales; 7 millones[4] (22.3 %) no tienen servicio de agua potable en el Perú, y un aproximado de 1 800,000 familias no cuentan con una vivienda o habitan una precaria[5]. Esto muestra no solo la profunda y extendida desigualdad social que en el 2017 habría llegado a 0.81, comparado al 0.43 que reporta oficialmente INEI (1 en el índice GINI expresa la perfecta desigualdad de un país), sino la inmensa exclusión social estructural sobre la que se ha erigido el inventado neoliberalismo peruano que hace que sus “avanzados” grupos económicos tengan licencia estatal para acumular demasiado y distribuir casi nada, y sí socializar sus pérdidas de sus juegos en las ruletas financieras (con nuestro dinero) como nos muestran las AFP.

Así, los millones del pobretariado y del independetariado, vivientes y sobrevivientes que viven en la precariedad de derechos garantizados, recortados y negados por el Estado y los grupos económicos, y la exclusión social y económica del exitosísimo modelo exportable peruano y aspirante a la OCDE, se develan claramente, gracias a un microscópico virus, los conocidos límites del inexistente neoliberalismo peruano. No obstante, por un lado, esta crisis no la están pagando los que más tienen sino los pobres, muchos de los cuales tienen que quedarse en una casa de esteras, madera o triplay, sin agua, y con hambre. Si bien los 380 soles en este primer tramo están llegando a casi 4 millones de personas a quienes de seguro aliviará en algo las necesidades y los estómagos, la crisis muestra la exclusión estructural y los márgenes en la que viven millones de los cuasi ciudadanos del Perú; mientras que, por otro lado, la liberación de la CTS, la suspensión del pago al sistema de pensiones y la liberación de 2000 soles de la AFP afectan directamente a la clase trabajadora que viene costeando la crisis con sus ahorros y su jubilación en un acto patriótico que lleva a uno a entonar repetidamente el “Contigo Perú” del Zambo Cavero. En tanto, las AFP pierden miles de millones de los asegurados; y el Estado costea la crisis con el dinero de los pocos impuestos cobrados sin mirar los miles de millones no cobrados por los privilegios tributarios (y evasión) de los sectores económicos minero, financiero, aseguradoras, agroexportador, pesquero y aéreo. Es decir, esta crisis la pagan la clase trabajadora, el pobretariado y el independetariado.    

No obstante la emergencia sanitaria, la desigualdad social, la exclusión estructural y la concentración de riqueza, este gobierno y Estado que ha ampliado la ley de promoción agraria hasta el 2031 y los beneficios tributarios al sector minero y de hidrocarburos, que hace uso de la ley de activos críticos y los estados de emergencia para garantizar los intereses de la clase empresarial minera, que evita discutir la ley general de minería; apela a la solidaridad de los bancos para que no cobren intereses en tiempos de COV-19 por lo que es entendible que cuando le preguntan los medios internacionales sobre la propuesta de un impuesto a las fortunas en el Perú Vizcarra, al igual que la ministra del MEF, vuelven a hacer un llamamiento a la solidaridad de los millonarios: “sobre grandes fortunas que puedan haber en algunos grupos económicos en el país y que puedan también colaborar como todos estamos haciendo para poder salir de esta crisis (…) hemos dicho desde un principio que el principal valor que necesitamos ahora de la sociedad es la solidaridad”[6]. Pos-COVID-19 se abre el momento político oportuno para poner en cuestión el modelo neoliberal dominante con una serie de perversiones y fallas, que terminan generando alta concentración de riqueza, alta desigualdad y alta exclusión y que requiere urgentemente ser cambiado.

Soc. José Antonio Lapa Romero
5 de abril de 2020






[1] Riqueza y desigualdad en el Perú: vision panorámica. 8 de febrero de 2019. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/latest/policy-paper/riqueza-y-desigualdad-en-el-per%C3%BA-visi%C3%B3n-panor%C3%A1mica>
[2] OXFAM. Para no retroceder. Realidad y riesgo de la desigualdad en el Perú. Documento de Trabajo Perú N° 1 2015. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/sites/peru.oxfam.org/files/file_attachments/Documento%20Peru%20%281%29.pdf>
[3] Según INEI los pobres en el país son los hogares cuyo gasto per cápita no llegó a cubrir una canasta basicabásica calculadao en 344 soles. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/economia/pobreza-pobres-dinero-donde-pido-prestamos-quienes-y-cuantas-personas-son-consideradas-pobres-en-el-peru-noticia-1191046>
[4] LA REPÚBLICA. Más de 7 millones de peruanos sin agua potable. 13 de marzo de 2020.  Consulta: 5 de abril de 2020 <https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/13/coronavirus-peru-mas-de-siete-millones-de-peruanos-sin-agua-potable/>
[5] RPP. Perú es el tercer país de Latinoamérica con mayor déficit de viviendas. 2 de diciembre del 2016. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/inmobiliaria/peru-es-el-tercer-pais-de-latinoamerica-con-mayor-deficit-de-viviendas-noticia-1014065>
[6] Vizcarra da balance del coronavirus en el Perú. 3 de abril de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=z7yPl05vh0Y



Extraído de https://www.jw.org/es/biblioteca/revistas/atalaya-2017-numero3-mayo/quienes-son-cuatro-jinetes-apocalipsis/



Apocalypse Now?


En el imaginario colectivo no son muy lejanas las imágenes de las largas colas y el desabastecimiento general de los productos básicos, durante el último periodo del nefasto primer gobierno de García Pérez. Solo unos cuantos elegidos se mantuvieron en sus burbujas de confort y normalidad. La anomia social y la desestructuración fueron los signos distintivos de esa época (fines de los 80 y primera mitad de los 90) y hoy, ad portas del Bicentenario, una pandemia nos lleva a reflexionar sobre la precariedad de la existencia y la insana ilusión de pretender vivir en una burbuja de confort, estabilidad e hiperconsumo, mientras millones de personas son excluidas de los beneficios del sacrosanto “progreso” y se convierten en seres humanos residuales (en una sociedad líquida de desechos, como diría Bauman).


Los altos funcionarios del gobierno peruano nos advierten que el sistema de salud estaría a punto de colapsar si no respetamos el estado de emergencia y las recomendaciones. Los tecnoburócratas nos quieren hacer olvidar que el sistema de salud pública en el Perú está colapsado desde hace mucho. La OMS recomienda que el promedio de inversión en salud sea el 6 % del PBI. En el Perú, la inversión gubernamental representa el 3.5 % del PBI y se trata de una de las más bajas de la región[1]. Nuestro país tiene 13 médicos por cada 10 000 habitantes[2], muy a la zaga de otros países latinoamericanos. No somos apocalípticos si damos cuenta de la gravedad de la situación en medio de la paranoia (muy real) y el pavor generalizados.


Como en la película Blue Velvet, de David Lynch, las grietas y las disrupciones que trastocan nuestra confortable y apacible realidad cotidiana son inevitables y contundentes a veces, y nos pueden servir para tomar conciencia de que necesitamos ser empáticos y tener una mirada holística, menos unilateral y cómoda. No debemos soslayarlas para develar la “dichosa interconexión para todos”[3] de la que habla el poeta budista norteamericano Gary Snyder.


Tal vez esta crisis nos sirva para desarrollar oportunidades y fortalezas en medio del pánico y la incertidumbre:  “Pero quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”[4].

Los políticos y los tecnócratas iluminados –por más apocalípticos y dramáticos que sean– nunca tienen la última palabra.

Jaime Gamarra Z.
Escritor y gestor cultural



[1] RUIZ, Mariana. “PBI en salud más bajo de la región es de Perú”. En: Perú21. 21/10/2018. Recuperado el 6 de abril de 2020 de:  https://peru21.pe/economia/pbi-salud-region-peru-435718-noticia/?ref=p21r
[2] https://gestion.pe/peru/peru-12-8-medicos-10-000-habitantes-abajo-paises-ocde-236346-noticia/
[3] https://www.poetry-chaikhana.com/blog/2013/09/25/gary-snyder-for-all/
[4] ŽIŽEK, Slavoj. “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”. En: Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. ASPO, 2020, p. 22.


Fotograma de El séptimo sello, de I. Bergman, película de 1957