sábado, 8 de julio de 2017

Rememorando la República Aristocrática


El Tribunal Constitucional peruano  y su debida diligencia
J. Gamarra 

I was born on the prairie and the milk of its wheat, the red of its clover, the eyes of its women, gave me a song and a slogan.
             Carl Sandburg

Intro

   No sorprende que la ley y el ordenamiento jurídico estén de parte de los poderosos en esta parte del mundo como en la época de la República Aristocrática (1895-1919). Los magistrados peruanos del Tribunal Constitucional (TC) defienden el statu quo y el rule of law. Obviamente, este sacrosanto orden está de espaldas a las comunidades e individuos auténticos, subordinados a los mandatos de los grupos de poder económico. Una asimetría impresionante de poder es desplegada mientras el Estado se convierte en un simple promotor y administrador de los negocios de la empresa privada.

Shareholders vs. stakeholders

   Manuel Miranda Canales, Marianella Ledesma Narváez, Oscar Urviola Hani, Ernesto Blume Fortini, Carlos Ramos Núñez, José Luis Sardón de Taboada y Eloy Espinosa-Saldaña Barrera se han convertido de facto en accionistas de la empresa Yanacocha. Deberían agradecer al cielo pues se trata de una empresa altamente rentable.

   El TC ha declarado fundada la demanda de amparo interpuesta por la Minera Yanacocha contra la Municipalidad Provincial de San Pablo (Cajamarca) (STC Exp.N° 03932-2015-PA/TC (05/06/2017)). Yanacocha alegó amenaza cierta e inminente de una serie de derechos, ante las concesiones dadas a su favor.

   A través de la demanda, la minera solicitó la inaplicación de la Ordenanza Municipal 005-2007 -MPSP, la cual creaba Áreas de Conservación Ambiental en las zonas llamadas Las Lagunas y Pozo Seco, predios-concesión a favor de Yanacocha. Al respecto, la emplazada contesta, expresando que tales zonas son cabeceras de cuenca que abastecen de agua a la provincia y todos los afluentes del río Jequetepeque. Además, albergan un ecosistema paisajístico, por lo que su zonificación es de protección y conservación ecológica, conforme al Reglamento de Zonificación Económica y Ecológica aprobado mediante Decreto Supremo 087-2004-PCM.

   El TC advierte que la facultad de las municipalidades para crear áreas naturales protegidas no está reconocida ni en la Constitución, ni en ninguna ley; señalando que esta labor corresponde únicamente al Poder Ejecutivo, mediante decreto supremo o resolución ministerial. Para los inefables magistrados, es inadmisible que, a través de un decreto supremo, el Poder Ejecutivo asigne a los gobiernos locales competencias que no están reconocidas a su favor, resultando contrario al principio de reserva de ley previsto. En virtud de ello, el Colegiado declara que sí existe una afectación a los derechos alegados por el actor, pues se restringió el uso de las tierras concesionadas a favor de la minera, sin base constitucional ni legal que lo autorice.

   Pero este despliegue de leguleyada y formalismo jurídico es completamente reaccionario. En otras palabras, los magistrados y shareholders de Yanacocha van en contra de la tendencia histórica. El 22 de junio de 2017, se publicó en El Peruano la Ley 30588, Ley de reforma constitucional que reconoce el derecho de acceso al agua potable como derecho constitucional. No queremos caer en un razonamiento circular, sin embargo el Derecho Internacional de los Derechos Humanos hoy es una realidad y la normativa internacional que protege a las comunidades y a los individuos de las tropelías empresariales puede ser esgrimida por estos. Los mandamases empresariales no pueden ignorar esta situación ni soslayar instrumentos valiosos como el Convenio 169 de la OIT, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), así como el Informe del Representante Especial del Secretario General de la ONU (2008), que señala que la debida diligencia es "aquel conjunto  de medidas que debe tomar una empresa para tener conocimiento, prevenir y responder a los efectos negativos que su actuación produce sobre los derechos humanos”[1]. Claramente, esto se refiere a las externalidades negativas de mercado.

   En un muy interesante artículo sobre diseño de los contratos de asociaciones público privadas, José Cárcamo Cárcamo nos indica que una empresa transnacional que asume el rol de concesionaria debe contar con el know-how, expertise y tecnología adecuados que le permitan mitigar los riesgos intrínsecos del proyecto con relación a la cadena de valor. De esta forma, si nos referimos a las empresas concesionarias: “Dado que tienen la libertad de diseñar, elegir y optimizar el uso de recursos, y maximizar la generación de ingresos también se les traslada la responsabilidad de mitigar los riesgos del proyecto en lo que compete a su expertise y capacidad (riesgos de mercado, financieros, de construcción, de operación, medioambientales), así como de contratar seguros y otros mecanismos para otros riesgos como fuerza mayor, riesgo político, etc.”[2]. Ciertamente, esto pasa por tener en cuenta a todos los stakeholders involucrados, incluso y sobre todo a los ciudadanos de las poblaciones comprendidas en el proyecto final.

Para qué Responsabilidad Social Empresarial

   Sería deseable saber qué piensa la empresa Yanacocha, junto con uno de sus principales accionistas, Compañía de Minas Buenaventura S.A.A., del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, de 1999[3], cuyo fin es conciliar los intereses de las empresas, con los valores y demandas de la sociedad civil, teniendo como contexto la globalización. Esta iniciativa, que cuenta con más de 8000 empresas participantes, se basa en diez principios, dos de los cuales se relacionan directamente con la sostenibilidad ambiental y señalan que las "empresas deberán mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente" (principio 7), así como "fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental" (principio 8).

   Si los gobiernos locales no pueden asumir el rol subsidiario y de garantes de la salud de sus propios contribuyentes y ciudadanos, entonces asistiremos al resurgimiento del Estado policial y prepotente de siempre. Los acontecimientos ocurridos en el 2015 en el valle de Tambo, Arequipa, donde la empresa Southern ha extendido su inmensa maquinaria simbólica y de poder sobre los “espartambos”, nos demuestran que existe una alianza tácita entre el Estado peruano y los grupos de poder económico[4]. Para el profesor Francisco Durand, vivimos una democracia enteramente formal, pues “si  bien  se  realizan  elecciones  limpias  y  libres,  se  mantiene la alianza o relación estrecha de poder entre las grandes corporaciones y el  Estado,  que  se  manifiesta  principalmente  en  las  relaciones  que  tienen con  el  presidente,  el  MEF  y  los  ministerios  económicos,  y  en  el  patrón  de nombramientos en puestos importantes”[5]. Durand es certero cuando señala que la Confiep, el Instituto Peruano de Economía (think tank de las élites económicas locales), el Grupo El Comercio y los tecnócratas favorables al “libre mercado” han logrado “definir una agenda y las prioridades del Estado”[6].

   Desde nuestra perspectiva, los tecnócratas que hablan de “libre mercado” definitivamente defienden cualquier entelequia menos la libertad. Un estatista mercantilista, por muy tecnócrata que sea, está en las antípodas de un libertario, para quien: “In a market anarchist society, law and security would be provided by market actors instead of political institutions”[7].

   El epítome de esta alianza “natural” es la Ley 30230, Ley que establece medidas tributarias, simplificación de procedimientos y permisos para la promoción y dinamización de la inversión del país, publicada el 12 de julio de 2014. No es un secreto para nadie que los verdaderos gestores de esta ley son los poderes fácticos representados por la Confiep, el IPE, etc. Para Durand, los sujetos afectados son las mismas poblaciones subordinadas históricamente. Todo en aras del “libre mercado” y la libertad de empresa: “Esta  norma  facilita  la  concesión  de  grandes  extensiones territoriales a las empresas extractivas, poniendo como prioridad la propiedad de las empresas privadas y afectando negativamente a los pueblos indígenas. Esta  norma  contradice  el  artículo  14.1  del  Convenio  169  de  la  Organización Internacional  del  Trabajo  (OIT),  en  el  cual  se  considera  que  la  ocupación territorial de los pueblos indígenas equivale a un título de propiedad”[8].

   Este orden de cosas es el que defienden los honorables magistrados. Definitivamente, no tiene ninguna relación con un verdadero mercado libre defendido por libertarios como Samuel Edward Konkin III, Gary Chartier y Kevin Carson para quien “en realidad los mercados libres son el enemigo del poder corporativo”. Esto se clarifica en el New Libertarian Manifesto, de Samuel Edward Konkin III, en el cual se traza el probable escenario para una sociedad libertaria: “division of labor and self-respect of each worker-capitalist entrepreneur will probably eliminate the traditional business organization – especially the corporate hierarchy, an imitation of the State and not the Market. Most companies will be associations of independent contractors, consultants, and other companies. Many may be just one entrepreneur and all his services, computers, suppliers and customers. This mode of operation is already around and growing in the freer segments of Western economies”[9].

   Para los grandes empresarios y financistas, hoy en día el Estado es un aliado natural. Mientras más privilegios puedan obtener de este, tanto mejor. Los medios para lograrlo son lo de menos. El gobierno autoritario de Fujimori hizo hábiles componendas que algunos banqueros y empresarios poderosos quisieran soslayar. Para un libertario como Gary Chartier “los mercados que tenemos ahora no son libres. Están distorsionados por privilegios garantizados por el estado de todo tipo de formas diferentes”[10]. Los cárteles son una muestra del poder de las grandes empresas para maximizar sus beneficios en un supuesto “mercado libre”. Las entidades reguladoras están definitivamente “atadas de manos”.

Conclusión

  Si los mismos individuos y las comunidades no pueden trazar su propio destino en consonancia con una autodeterminación y autonomía, de poco ha servido tanta revolución a lo largo de la historia moderna. Los intereses corporativos de las empresas transnacionales (business power) no se condicen con el respeto a una cosmovisión y logos particulares, que tienen en el ayni, la minka y la veneración a la Pachamama sus  principales valores. Si existe una alianza tácita entre el Estado y el implacable poder corporativo, es perfectamente posible que los defensores de la ley y del ordenamiento jurídico lo sean también de los intereses de las transnacionales. Salvo mejor parecer.






[1] ONU.  “Proteger, respetar y remediar: un marco para las actividades empresariales y los derechos humanos”. Informe del Representante Especial del Secretario General sobre la cuestión de los derechos humanos y las empresas transnacionales y otras empresas comerciales, John Ruggie, A/HRC/8/5, de 7 de abril de 2008, párrafo 56. Disponible en: <http://www.escr-net.org/sites/default/files/Ruggie_2008InformeEDH_esp.pdf>.
[2] CÁRCAMO CÁRCAMO, José. “El diseño e interpretación de los contratos de asociaciones público privadas”. En: Administración Pública & Control. Nº 42, Lima, junio 2017, p. 7.
[3] Véase: http://www.pactomundial.org/?cat=44

[4] Véase el exhaustivo trabajo del sociólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos José Lapa Romero sobre la nefasta actividad de la empresa Southern en el valle de Tambo, Arequipa, en alianza estratégica con el Estado peruano: LAPA ROMERO, José. Lo que los ojos no ven. Arteidea, Lima,  2017.
[5] DURAND, Francisco. Cuando el poder extractivo captura el Estado. Oxfam, Lima, 2016, p. 30.
[6] Ibídem, p. 49.
[7] http://agorism.info/
[8] DURAND, Francisco. Ob. cit., p. 63.
[9] Disponible en: http://agorism.info/docs/NewLibertarianManifesto.pdf.
[10] Véase el blog Mutualismo. Libre mercado anticapitalista: http://www.mutualismo.org/gary-chartier-nos-presenta-markets-not-capitalism/


A un año de gobierno de PPK:
Entre la profundización del capitalismo peruano y el juego de tronos en la política
José Lapa Romero

   En el Perú nos encontramos a casi un año del cuarto gobierno “democrático”, posgobierno autoritario fujimorista de los 90. Este gobierno viene atravesando su cuarto momento de tensión, “crisis” y “escándalo” político que se ha vuelto extendido denominarle “crisis política”. Sin embargo, como buenos ciudadanos escépticos tenemos que preguntarnos de qué crisis política estamos hablando, y qué consecuencias políticas tiene seriamente sobre la economía, la política y sobre nuestra vida como ciudadanos y ciudadanas, o si solo es parte del espectáculo político peruano. Porque hasta ahora lo que hemos visto es un campo económico donde se sigue profundizando nuestro precario capitalismo rentista, privilegiado y desregulado que favorece fundamentalmente a la clase empresarial (en paralelo a las otras grandes economías de las clases populares, ignorada por el Estado capitalista peruano, conformada por millones de cachueleros, ambulantes, taxistas, mototaxistas, micro y pequeños empresarios, campesinos, etc.) y sobre el que la disputa política es casi inexistente; por el contrario, de profundo consenso entre partidos de derecha, medios de comunicación concentrados y sectores empresariales; y la disputa en el campo político, que se da dentro de las instituciones del sistema político representativo y no en las calles (aunque los docentes nos dan indicios de esperanza), por el trono entre un gobierno que muestra serias debilidades para gobernar y un no-gobierno fujimorista (pero con mayoría en el Congreso) que permanentemente da muestras de su poder (y que aún se resiste a entender que no es gobierno), y una “izquierda” fragmentada y débil que no ha tenido y probablemente no tendrá capacidad de disputar los 27 años de hegemonía neoliberal.

I. EL CAPITALISMO PERUANO DEPENDIENTE, RENTISTA Y PRIVILEGIADO

   En el Perú desde los 90 las reformas neoliberales promovidas desde el Estado han configurado en el país un campo económico capitalista anclado fundamentalmente en actividades primarias exportadoras (minero, gasífero, agroexportación, etc.), y una estructura de poder hegemónico y dominación donde los gremios empresariales (CONFIEP y SNMPE) han cobrado un poder sobre el Estado nunca antes imaginado, y un Estado capitalista en relación de dependencia relativa de los intereses del capital. Capitalismo peruano que se ha desarrollado y ha convivido con el régimen autoritario fujimorista y los regímenes “democráticos” de Toledo, García, Humala y Kuczynski que han tendido y tienden a usar la fuerza y la coerción cuando las bases del capitalismo peruano se han visto en cuestión en situaciones de conflicto: Tambogrande, Bagua, Espinar, Conga, Tía María y otros.

   El capitalismo en el Perú  ha tenido la capacidad de hacer los intereses del capital los intereses del Estado y los intereses del Estado los intereses del capital. Además, este capitalismo rentista, privilegiado y desregulado se ha estructurado incluyendo a pequeños sectores económicos vinculados fundamentalmente al sector minero, agroexportador, y la banca; y excluyendo (o teniendo vínculos débiles) a las otras economías de las clases populares, ignorada permanentemente por el Estado capitalista peruano, conformada por millones de cachueleros, ambulantes, taxistas, mototaxistas, micro y pequeños empresarios, jornaleros agrícolas, campesinos, etc.

   Los sucesivos gobiernos democráticos y el actual gobierno en el poder, ese capitalismo dependiente peruano –en el marco de la delegación de facultades, y por lo tanto la emisión de los denominados “paquetazos normativos”, y decisión política– se viene profundizándose, no necesariamente para el beneficio de las mayorías, bajo el argumento de la “reactivación económica”, “destrabar la inversión”, “tramitología” y el excesivo burocratismo, generando: 1) condiciones legales para acceder al control y explotación de los recursos naturales, y en esa dirección va el Decreto Legislativo N° 1333; 2) “simplificar” la evaluación de los Estudios de Evaluación Ambiental tal como se establece en el RM 169-2017-MEM/DM, y; 3) legitimar y crear condiciones para la inversión a través de la inversión estatal para desarrollar intereses privados y en esa dirección va el Decreto Legislativo N° 1334 que crea el fondo de adelanto social que tiene el objetivo político de “financiar programas, proyectos y/o actividades orientados a cerrar o reducir brechas sociales en espacios geográficos donde se desarrollarán diversas actividades económicas”[1]. Este marco normativo está dirigido fundamentalmente a profundizar el capitalismo primario exportador y contener los conflictos sociales a partir de la acción de inversión del Estado con dinero de todos los peruanos. En síntesis, el capitalismo peruano dependiente de la explotación minera requiere tener control sobre los territorios (tierra y agua) sin mayor oposición, mano de obra con derechos recortados (sin derechos sería el paraíso) y esa es la dirección que seguirá impulsando el gobierno de PPK, porque parafraseando a su ministro de trabajo, “el nivel de 850 soles es adecuado para el nivel que vivimos”, lo que refleja que la orientación del gobierno no es ni será seriamente a favor de los intereses de las clase populares sino de los intereses de la clase empresarial.

II. CRISIS POLITICA, JUEGO DE TRONOS Y ESPECTÁCULO POLÍTICO

   En el campo político en el Perú vivimos una crisis política estructural. Los partidos políticos están en crisis terminal, los ciudadanos distantes y desencantados de la política, la corrupción atraviesa el Estado y cada gobierno elegido, y los movimientos sociales están debilitados y fragmentados. El sistema político peruano funciona sin estructuras partidarias, sin identidades y ciudadanos, y sí con mucho clientelismo y con aristocracias políticas, y la democracia representativa reproduce el sistema político que reproduce y profundiza el capitalismo peruano y el orden de privilegios en el Perú.  

   Dentro de ese escenario el actual gobierno viene atravesando su cuarto momento de tensión, “crisis” y “escándalo” político –la delegación de facultades casi al iniciar gobierno; el asesor de gobierno negociando servicios de salud dado que “esa es nuestra mina de oro. No sabes la cantidad de plata que vamos a ganar” ; la interpelación y censura del ministro de educación principalmente por el sector mayoritario fujimorista del congreso dado que “juntos somos una fuerza invencible” de acuerdo a uno de sus representantes más conspicuos, Héctor Becerril; la influencia política de la alta jerarquía política del gobierno en el caso Chincheros dado que según el exministro de economía, “si pasa chinchero nos va bien, si se baja chinchero, nos va pero mal”, y que involucra al presidente de la república, presidente del consejo de ministros, ministros y al contralor de la república– que le viene denominando “crisis política”. Sin embargo, esta “crisis política” no pone en cuestión la política económica pero muestra una triple dimensión sobre el cual tenemos que tener claridad los ciudadanos y las ciudadanas, para no dejarnos envolver con el espectáculo político. Primero, la correlación de fuerzas pos electoral puso en el reinado (gobierno) a una fuerza política de derecha clientelar y mandó al reino de los reyezuelos (Congreso) a la fuerza política de derecha autoritaria clientelar (que aún no se asume como tal), escenario que se ha desplegado en permanente tensión y ha dejado heridos y chamuscados (ministros y asesores), pero cuya disputa política no ha tenido mayor efecto y no pone en cuestión las bases del capitalismo peruano. Segundo, lo cierto es también que este gobierno es débil, no tiene partido fuerte, no tiene organizaciones sociales en la base (aunque si clientelas que buscan y han tomado las instituciones del Estado), ni en el Congreso, sin embargo, avanza en la profundización del capitalismo rentista y privilegiado en el Perú; y está atravesado de algo no exclusivo relacionado a la práctica de corrupción y el alineamiento de los intereses del Estado a los intereses del empresariado. Tercero, muestra algo que nos debiese poner en un escenario de realismo puro a los ciudadanos y es estructural en el Perú: los intereses del Estado y del gobierno de derecha actual son los intereses del capital. Por lo que el relacionamiento con los sectores populares que constituyen los millones de la economía peruana (ambulantes, moto taxistas, taxistas, campesinos, pequeños productores, micro y pequeños empresarios, etc.) débilmente articulados al capitalismo peruano, no son parte de las grandes decisiones que se toman y tomarán en los próximos años.

   No obstante la “crisis política” y el escándalo político, el Perú sigue creciendo y la bolsa de valores no se ha caído. Por lo que nuestra vida continúa tan rutinaria como antes del cambio de gobierno, aunque no quieren hacer creer que estamos viviendo una debacle inexistente. En el Perú la economía funciona en piloto automático y la política también. En todo caso la crisis política hay que verlo en tanto profundiza el desencanto de los ciudadanos respecto de la política que se ha vuelto un espectáculo político donde así como en juego de tronos son los reyezuelos de la democracia representativa cuya representados no existen, no tienen rostro y en el fondo no importan seriamente.

   Lo que la política y la representación política debiese poner en cuestión y disputa es sobre si es conveniente para el país que el capitalismo peruano se siga produciendo y reproduciendo en condiciones de privilegios económicos, tributarios y ambientales; la acumulación a través del cholo barato; y flexibilización de controles ambientales.   




[1] EL PERUANO. Fondo de Adelanto Social. DL N° 1224. 6 de enero de 2017. Consulta: 2 de junio de 2017 <http://busquedas.elperuano. com.pe/ normaslegales/decreto-legislativo-que-crea-el-fondo-de-adelanto-social-decreto-legislativo-n-1334-1471011-6/>





La patria perdida

Milcíades Ruiz



   Ya empiezan a sonar las voces de la esquizofrenia comercial que nos inducen a festejar la independencia del Perú que encubre cierta falacia histórica. Es el poder de la dominación que nos convierte en zombis por reflejo condicionado haciéndonos actuar a conveniencia de intereses ajenos. Felices Fiestas Patrias, repetirán también los oprimidos ancestrales para beneplácito de los opresores, sin percatarse que es una celebración del aciago día en que se perdieron las esperanzas de recuperar la genuina patria ancestral. Esa patria era el Tahuantinsuyo.


   A diferencia de otros países en que logran su libertad recuperando el dominio sobre su territorio ancestral desalojando al invasor, ello no ocurrió con la independencia del virreinato del Perú ni con el continente entero. Los invasores se adueñaron del territorio que pertenecía a la población autóctona y usurparon sus derechos, suplantándola en todo. Muchos somos los beneficiarios de esta injusticia pero el que calla otorga. Sabemos que no es verdad lo que nos enseñan desde niños y sin embargo, lo permitimos y hasta participamos del engaño. Eso no es honesto.

   La independencia del virreinato del Perú no es lo mismo que la emancipación de la patria. No era que al fin de tres siglos de dominación los opresores dejaban el Tahuantinsuyo. No, eso no. Era la independencia de los invasores, que se separaban de España, su madre patria. La libertad era solo para los colonialistas pero no para los nativos que siguieron siendo sus vasallos. Los supuestos próceres de la independencia eran los mismos opresores coloniales que se pusieron el ropaje de “patriotas” republicanos. Estos, siguieron siendo propietarios de esclavos capturados en África y vendidos como animales salvajes. Estos humanos también perdieron su patria y jamás pudieron regresar a ella.

   Pero los esclavistas y señores feudales hablaban de libertad (la de ellos solamente y no de todos). Los opresores se sentían oprimidos frente a los españoles peninsulares ignorando cínicamente la opresión que ellos ejercían sobre la población nativa y sobre los esclavos. Solo ellos, los colonialistas, tenían derecho a llamarse peruanos pero no los aborígenes a los que llamaban simplemente “indios” o “naturales”. Toda referencia a peruanos en la guerra de independencia del virreinato, se sobreentendía que se estaba hablando de los españoles sudamericanos y no de los nativos.


   Hasta mediados del siglo XIX, en el Perú continuaron vigentes las leyes españolas, el tributo indígena y la esclavitud. Aun hoy, se pueden ver en Cañete, las rancherías de negros esclavos en el fundo “Arona” de los descendientes del prócer terrateniente Hipólito Unanue, secretario del virrey y representante de los realistas en las tratativas de armisticio con los delegados de la Expedición Libertadora. No obstante ser del campo enemigo, este “prócer” pasó a gobernar y presidir la Junta Gubernativa de la República.

   El idioma de los colonialistas dominadores fue declarado oficial en 1825, quedando de lado el idioma de la mayoría de la población, el quechua. El despojo de tierras de cultivo prosiguió con la república y las consiguientes rebeliones con derramamiento de sangre nativa. Los esclavos no fueron liberados por decreto de la república. Su libertad fue comprada por el Estado 33 años después de la independencia como si se tratara de un gran negocio para los esclavistas que recibieron el precio de cada uno de ellos, dando lugar a fraudes para obtener mayores montos de compensación. Los súbditos yanaconas de los señores feudales (gamonales) solo alcanzaron su independencia con la reforma agraria de Velasco.

   Es verdad que no es bueno mirar el pasado con rencor. Pero tampoco ocultar la verdad histórica ni mantener latente las injusticias. No se pide venganza. No se pide discriminar a los discriminadores. El racismo es denigrante. Solo se pide compartir con equidad. El Perú es de todas las sangres se suele decir como una viveza para disimular una situación oprobiosa. Pero hay sangres con más derecho que otras y eso deberíamos reconocer. El derecho ancestral no debería ser sepultado.

   En el Perú actual, las mayorías están bajo el dominio de una minoría. Los cholos mestizos constituyen la mayoría de la población, pero juntos con los que se consideran totalmente quechuas, aimaras y nativos de la selva suman el 80% de la población peruana, sin considerar los que han perdido el orgullo de su raza. Pero entonces, ¿por qué no permitir una mayor participación en las decisiones de gobierno a los peruanos ancestrales? Eso no está permitido en el régimen electoral vigente hecho a la medida de los dominadores.





   Se ha avanzado bastante en materia de equidad sexual, pero nos falta mucho por avanzar en cuanto a equidad política como en equidad económica. Aún siguen gobernando y legislando los descendientes de Juan de la Torre, uno de los trece de la “Isla del Gallo”, como sucede en el actual Parlamento. Pero nunca es tarde para reivindicar lo nativo, con mayor derecho. Que no nos vengan con el contrabando de que Túpac Amaru II fue precursor de la independencia del Perú. No luchó por la independencia de sus opresores sino por liberar a sus compatriotas de la opresión de aquellos.


   Muchos aborígenes tuvieron que refugiarse en la cordillera para huir de la mita colonial que obligaba a entregar la vida de un descendiente para que trabaje en la extracción mineral que era muerte segura. Se quedaron habitando allí durante la república como lugar seguro contra la extinción de la gente, hasta que aparecieron los terribles “mistis” depredadores de sus recursos naturales, con la misma ambición que los conquistadores, en complicidad con los gobernantes actuales. Ahora luchan por su suelo, por su agua, por su ecología, por sobrevivir ante el infortunio de una fatalidad histórica.


   Entonces, es esos lugares, resulta humillante entonar el himno nacional oficial y desearles “Felices Fiestas Patrias” porque significa celebrar toda una historia de sufrimientos de la opresión que no se extingue. Ya ni siquiera se puede vivir tranquilo en la cordillera. La persecución ha llegado hasta el escondite histórico. Por su puesto, ellos no recibirán gratificaciones monetarias por Fiestas Patrias Eso no es para ellos dirán los dominadores.


   Pero esta incomprensión está encarnada ya en nuestra cultura y hasta los izquierdistas como los de derecha miran al bicentenario de la independencia del virreinato del Perú, como una hazaña para celebrar a lo grande. Todo lo que se planea y se hace es “con miras al bicentenario”, olvidando las reivindicaciones ancestrales. ¿Por qué no aprovechar el bicentenario para reconocer por ley las reivindicaciones ancestrales traducidas en derechos ciudadanos? Por ejemplo: ¿Seguirá manteniéndose el veto para que los nativos no sean oficiales ni jefes de nuestras fuerzas armadas? ¿Seguirán sin derecho a cuotas de poder?


   De más está decir que ni aun los más favorecidos por el sistema de dominación imperante podrán decir que somos libres verdaderamente. El país ha perdido su soberanía, no tenemos independencia económica y estamos sometidos a una legislación internacional arbitraria. No podemos ayudar a Cuba y a Venezuela sin ser castigados con represalias onerosas de facto. La lucha por la independencia real tendrá que continuar.


   Es probable que lo dicho no sea aceptable por quienes tienen una visión distinta a la mía. Me disculpo por el atrevimiento. No siempre se tiene la razón y lo acepto. Pero mis convicciones se mantienen firmes en cuanto a la equidad necesaria para superar injusticias.


Julio 2017
Este espacio no se solidariza necesariamente con los artículos de los colaboradores ni con la opinión de terceros que puedan generar controversias.

martes, 21 de marzo de 2017

La lucha por el agro y la vida en el Valle de Tambo


La Southern, una empresa minera trasnacional, altamente desprestigiada por los pasivos ambientales, abandonados en Tacna y Moquegua, actúa con una estrategia y táctica conocidas,  igual que las mineras, instaladas en otras regiones del país. Casi se puede afirmar que es el mismo “disco rayado “, que se aplica de manera sistemática. El Estado como una especie de “hermano menor“, atornillado al lado de la empresa. Esta se convierte en el “hermano mayor” que toma las decisiones. José  Lapa nos explica con mucho conocimiento y trabajo el accionar de esta empresa minera en la región de Arequipa y Valle de Tambo.

Primero, Southern pretende  difundir la idea de que la mina apenas “impacta” cuando en realidad contamina; hay una gran diferencia en los conceptos y realidades. Algo que el Estado peruano no lo está visualizando. Y no le interesa, que es lo peor.


Segundo,  la empresa tiene  mucho que esconder: la contaminación y destrucción de las fuentes de agua. Por ende, el daño irreversible  que se hace a la salud pública. Inicia entonces la compra de conciencias, la corrupción se constata por todos los lados, cuando no le resulta, usa la fuerza represiva de la policía, que deja muertos. Ya van siete, ocurridos durante los enfrentamientos duros, en los años 2011 y 2015. Los campesinos del Valle los respetan y lloran a sus héroes populares; y  sufren  por estas pérdidas de vidas humanas, hasta el día de hoy. Lo más triste que se comprueba es la falta de una institucionalidad jurídica que defienda los derechos civiles de los campesinos. Cuando existe una empresa minera instalada, los jueces se vuelven más corruptos. Esto es el “pan nuestro” de cada día.

El autor desnuda lo invisible, nos abre los ojos y pone al servicio del pueblo luchador y honesto del Valle de Tambo su importante trabajo de investigación.




Reinhard Seifert 


 






El libro de José Lapa es una brillante crítica al Estado peruano como garante y defensor de los intereses de la gran burguesía que opera en el Sur del país, junto con su inmensa maquinaria simbólica, comprando conciencias y cargos públicos. Un Estado clasista que siembra el terror entre sus mismos ciudadanos que defienden con su vida el derecho a vivir en paz.









lunes, 20 de febrero de 2017

De esquizoides y narcisistas

De suicidas y sociópatas.
Notas acerca de lo casos límites en la sociedad actual


Introducción

Este artículo es un producto de notas y observaciones hechas sin afán de sistematización. No obstante, la importancia de lo escrito en estos renglones merece una indagación más exhaustiva e empírica, debido a la relevancia del tema que nos convoca a escribir, a saber: las conductas sociopáticas y sus conexiones con la realidad social. Lo señalado debe ser tomado como hipótesis de gabinete, presentadas en la coyuntura dada la importancia que viene recibiendo los casos de asesinato y parricidio por los medios de comunicación en los últimos años. En una primera parte se hará una revisión teórica del marco en el que se gestan estas conductas sociopáticas, sacando la afirmación de que la constitución de la modernidad esta impregnada de violencia y de locura, a pesar del juego de diálogos y cultura de paz que promete. Luego un evaluación de los casos recogidos del mundo periodístico de los parricidios con comentarios generales, para culminar en ligeras conclusiones y una propedéutica social.

Ilustración y violencia social

Aunque a veces el análisis sociológico no se ocupa de estos temas, capturados por lo general por la acuciosidad psicológica, es menester arrojar luces sobre estos temas de modo sociológico pues manifiestan señales de que la sociedad no anda bien. En estos casos límite, es como indagaba Durkheim[1], donde se observan con mayor severidad las desconexiones entre el sistema de instituciones políticas y económicas que produce la sociedad, y la vida desnuda o instintiva que debe ser sublimada en este mundo producido[2]. Si la sociedad soporta elevados niveles de violencia y criminalidad es un indicador de que los proyectos de racionalidad productiva que se levantan en su nombre  suprimen a la vida que acontece o la cohíben de toda aquello que resulta gratificante, lo que se devuelve en agresividad e incertidumbre[3].

Como alguna vez señalara Fiodor Dostoeivsky en su novela Crimen y castigo[4] se sabe del nivel de racionalidad de una civilización observando sus cárceles. O más ilustrativo que eso. En la película Terciopelo Azul de David Lynch se observa la escena de una oreja cercenada en el césped de un barrio residencial en Estados Unidos de los 60, mientras juegan los niños/as y se respira una agradable atmósfera de paz. ¿Cuánta violencia ha tenido que soportar el alma humana para pacificarse y ser domesticada? ¿Cuánta vigilancia y violencia simbólica han tenido que sufrir las personas a través de la historia para fabricarse un yo, una personalidad que gobierne sus impulsos ciegos?

Hoy ese proyecto de domesticación o civilidad se haya en crisis. El avance de la sociedad de consumo que erotiza todo a su alrededor, y la consiguiente desvinculación que produce el avance de la tecnología de los procesos culturales en nombre de los que se edifica, han hecho que el saludable proceso de ilustración originario de Europa se diluya de forma accidentada. El crédito generalizado[5] y el impacto de una sociedad del espectáculo a través de la multiplicación de estímulos han logrado incorporar como sistema necesidades y servicios de forma contradictoria a los apetitos y expectativas de liberación que antaño presionaban sobre los cimientos del capital[6]. En la cumbre de las grandes revoluciones en contra de la sociedad planificada[7], como lo fueron los movimientos sociales del Mayo del 68[8] se ha fabricado un sistema económico de servicios y falsas necesidades que han despolitizado a las personas, y que han hecho ingresar a la psicología en un proceso de regresión y de narcisismo extremo que divorcia a la vida de las gigantescas mutaciones materiales que se atreve a introducir el capital, sin ninguna resistencia, en las economías nacionales de todo el planeta. El resultado es la cancelación abrupta del modelo histórico de personalidad basado en la razón, impuesto desde los postulados de Descartes, y del contractualismo liberal, y el arrojamiento de la identidad a un proceso de competencia salvaje donde las emociones y los instintos más profundos como la sexualidad y las tendencias agresivas pierden estabilidad y se convierten en recursos y capacidades que hay que usar con destreza y sin piedad para alcanzar bienestar y predominancia[9].

La inscripción de los aspectos sensoriales y emocionales en las coordenadas de un mundo de la productividad acelerado, hadistorsionado la vida socio-afectiva y a hecho regresar las tendencias agresivas y violencia acumulada que la racionalización pretendió negar. A pesar de que los apetitos de realización y liberación que veían en la historia han sido inhibidos con cierto éxito, la crueldad silenciosa con la que son calificados en la sociedad contemporánea rasgos sensibles de la personalidad crean las condiciones para que la vida íntima y la regiones más recónditas de nuestros sentimientos y pasiones estallen en cuadros severos de violencia, crimen y descontento generalizado. La razón dialógica y su proyecto privado, el amor romántico, que habían sido puestos en el lugar de la brutalidad y la violencia insensata, se erosionan peligrosamente ocasionando que las carencias de afectividad y la incomprensión a varios niveles hallen en la violencia y en el egoísmo extralimitado rutas de escape a la soledad que se percibe, ante la falta de amor[10].

La desalmada competencia genera que los lazos sociales protectores de la sociedad en la familia, en la escuela, y en el barrio, y por lo tanto en la política y en el trabajo pierdan atractivo para el sujeto, retrayendo la construcción de sus preferencias alrededor de instintos primarios como la sexualidad y la violencia tribal[11]. La crisis que sufre el mundo de las instituciones, desde la familia, la escuela hasta la política no es solo expresión de la incompatibilidad de estos sistemas de organizaciones para el sujeto que surge, sino que de otra manera, sugiere que estas estructuras de gestión y producción de las demandas de la persona son diques objetivos que lo arrojan a la marginalidad y a la trasgresión, como una forma de exclusión de las grandes decisiones. A medida que el mundo producido se desmorona o pierde conexiones con la cultura las nuevas subjetividades se refugian en el mar de las pulsiones, sin vuelta posible, produciendo ahí donde gobierna la ironía, la diversión y el erotismo más delicioso una sensación de agotamiento y de miseria sombría que no se canaliza en creación, sino en anarquía y en desafección ante la sociedad en la que se vive y se trabaja[12].

El dominio del mundo producido inhibe la regeneración de las instituciones, o no deja aprovechar que la nueva sangre imponga sus sueños y los canalice de modo real. El desmoronamiento del mundo industrial y con él la debacle de una sociedad protectora y preocupada por la formación del sujeto ha supuesto que el sujeto se halle desamparado de improviso, y que para él suponga un tremendo esfuerzo el tener que acomodarse a una sociedad donde todo es frío interés desnudo, y nada está hecho objetivamente de acuerdo a sus nuevas sensibilidades. Se genera lo que se dice un abismo entre un mundo institucional cuyo poder pervive incólume, pero ya no tiene legitimidad, y una nueva sensibilidad[13] cuyas fuerzas motrices no se hallan representadas o se encuentran violentamente excluidas. El nacer en una sociedad donde los deseos de realización se hallan cancelados, y no se puede construir organización política y material de acuerdo a lo soñado produce en el sujeto un  severo desencanto con respecto al mundo, y a la vez la decisión de corromperse y sobrevivir a toda costa. En parte el hecho de que la mayor incidencia de criminalidad se encuentre en los jóvenes[14] demuestra que se viene conteniendo la regeneración cultural de la sociedad, y que estos prefieren desarrollar subculturas ilegales y paralelas al mundo institucionalizado[15] como una forma de protesta y de hallar la comprensión y la vida que no hallan en una sociedad presa de atrofia y de un extrañamiento incurable.



Análisis de casos

En el caso de un patrón de asesinatos por parricidio en los últimos tiempos se citan los ejemplos emblemáticos de  Guiliana Llamoja[16] que acuchilló a su madre María Del Carmen Hilares hasta provocarle la muerte en el 2005, cuando ella solo tenía 18 años. Hoy está en libertad luego de estar unos años en prisión, al parecer reintegrada a la sociedad[17]. En medio de este drama había una fortuna en juego. Un segundo caso, es el asesinato de Myriam Fefer[18] (2006), al parecer  asesinada por orden de su hija Eva Bracamonte Fefer[19] a manos de un sicario colombiano, Alejandro Trujillo Ospina. En este caso se vio incriminada la supuesta pareja sentimental de Eva Bracamonte, Liliana Manarelli, hoy libre de todo cargo. También en este caso hay una fortuna en medio, disputada por el hermano de Eva, Ariel Bracamonte. El juicio de Eva Bracamonte fue anulado y hoy espera un nuevo proceso en libertad. El tercer caso, es el parricidio de Elizabeth Vásquez Marín (2010), por orden de su hija Elizabeth “Elita” Espino con ayuda de su pareja sentimental Fernando Gonzales Asenjo, y su amigo Jorge Eduardo Cornejo Ruíz, hoy condenados a prisión. Elita Espino fue condenada a 30 años de prisión. También hay una fortuna en juego. Y por último el caso más cercano de parricidio: el asesinato de la empresaria panadera María Rosa Castillo (2013), a manos de su hijo Marcos Arenas Castillo (22), en el que está incriminada seriamente su novia Fernanda Lora (19), acusada de instigar el parricidio[20].

En estos casos sonados de parricidio se puede sostener que la poca disposición a hallar en la educación y en el ambiente de familia los valores o ideas fuerza que moldeen una identidad estable en los jóvenes, predisponen un uso perverso de la libertad[21]. Los traumas e impasses afectivos son revertidos en rencor hacia las figuras paternas (todas mujeres) porque la existencia de la autoridad se convierte en un conflicto de poderes, donde la prohibición y el yugo paterno no representan estímulos de educación, cuando si de obstáculo para ambiciones desmedidas. La falta de sentido de culpa, el dinero que empodera indebidamente, y la vida sin límites y vivida con crueldad conforman una identidad donde no hay ley que detenga, o que se imponga para seres que se sienten por encima del bien y del mal[22]. El narcisismo crea un ser capaz de todo. La violencia fría en contra del ser amado, al punto de quitarle la vida crea una persona que calcula y que se sumerge en la mentira constante. El desequilibrio del que parte toda experiencia de resiliencia y de invención profesional, que tanto necesita la productividad de una economía salvaje, es el contexto psicosocial para la formación de tendencias criminales en una sociedad que importa poco, y donde la lucha por el hallazgo de la creatividad debe darse sobre la necesaria indigencia y desarraigo colectivo. El capital requiere destruir la sociedad para elegir a los genios que lo reproducen.

Un caso cuyas consecuencias son distintas, pero que se nutre de causas similares es el suicidio del joven estudiante Emilio Egocheaga D Angelo[23]. Cito este caso de reciente data como ejemplo para señalar que un contexto similar de lazos familiares rotos, incomprensión y excesiva frivolidad y pobreza en las relaciones sociales inmediatas en los jóvenes trae como consecuencia impactos y reacciones distintas a la formación de inclinaciones criminales. En el caso del estudiante Emilio Egocheaga, la fuerte depresión causada por la ruptura de sus padres lo llevó al suicidio[24], luego de estar sufriendo un fuerte cuadro de aislamiento, sin poder comunicar su aflicción y en un medio donde su fragilidad e interioridad no contaba. A diferencia de los casos de parricidio, este joven no canalizó su posible desadaptación con rencor hacia sus padres, sino que reprimía sus emociones y vivía en una errática timidez, sin haber podido dar forma a una identidad. La baja autoestima, el miedo a la vida, y la desubicación frente al mundo lo llevaron a no querer crecer. En este sentido, un dato que alentó la depresión fueron las dudas del joven acerca de su futuro profesional, pues abandonó en el último año la carrera de ingeniería industrial, para empezar de cero en la de comunicaciones; una señal de que deseaba inclinarse por las letras y testimoniar su dolor interno.


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Un caso sonado en los últimos días es el asesinato de la joven estudiante universitaria de 17 años Karla Vanesa Zelada Suazo, a manos de su exenamorado, Alexi Pacasi Vargas, en el distrito de San Miguel[25]. Luego de haberse escondido en el Callao, el joven fue capturado y confesó que degolló a la joven, habiendo sido ayudado por un cómplice. Al parecer los celos y el hecho de que ya no eran enamorados fueron los móviles del crimen. En este caso se demuestra la vulnerabilidad en que se hallan las mujeres frente a hombres que piensan que una relación de pareja es poseer como su fuera una propiedad a la mujer, y que no hay derecho a dialogar para zanjar algún dilema en común. La falta de educación, y como señalo el contexto de donde se obtienen los antivalores de este joven hacen pensar que la violencia, y la agresión son parte del hecho de ser hombre, y que no hay ley que pese sobre ellos. Por otra parte, la violencia en la que caen los varones son señales de que la masculinidad ha entrado en severa crisis y las tendencias más autoritarias y machistas alcanzan formas de agresión socializada[26].

Fuente:
http://larepublica.pe/20-01-2012/policia-nacional-intensifica-busqueda-de-matricida-giuliana-llamoja

Conclusiones y propedéutica

1.    A diferencia de los enfoques de la desviación, donde el crimen y las conductas anormales eran la excepción a la regla, en nuestras sociedades postindustriales la conducta criminal y psicopatológica es casi común, y es la exageración en un tejido social donde la anomia es la regla institucionalizada.

2.    El crimen, y las conductas sociopáticas, sobre todo en jóvenes son las señales que la sociedad de consumo que se levantó con el objetivo de contener el cambio histórico, desde Mayo del 68, ha logrado un éxito parcial. Han separado a la juventud de las fuerzas históricas, pero al costo haberse generado una subjetividad desamparada y sumergida en la violencia.
3.    Ahí donde las emociones y la sensoriedad son admitidas como capacidades de producción se incorporan de modo cruel áreas de la vida, que inoculan creatividad al mundo tecnificado, pero con el resultado de que se desestabiliza más el ser, y se vive en un gran resentimiento generalizado.

4.    Las políticas democráticas de diálogo, de amistad y de amor romántico fallan, como rutas sublimadoras de civilidad, lo que deviene en violencia y en el desarrollo de una personalidad que halla en la barbarie una forma de vida y de placer enfermizo.
5.    Ahí donde hay mucha libertad, que hace posible el consumo, retrocede la educación y se esfuman los valores de respeto por la comunidad ciudadana, lo que deviene en un mal uso de la libertad.

6.    Las conductas sociopáticas y de forma indirecta las tendencias suicidas son expresiones de que la sociedad se viene descomponiendo en favor de una modernización desbocada y destructiva. La búsqueda de invención despierta también lo peor del ser humano por mor de la productividad.

7.    Como propedéutica las rutas para medicar nuestra cultura frente al avance de la criminalidad y la depresión, residen en el equilibrio mismo de la persona, al tolerarlo todo, como individuo autorreferido o en la insurgencia de una revolución cultural que reconecte a la sociedad, la cultura con el sistema política y sus fuerzas materiales.

Ronald Jesús Torres Bringas





[1] DURKHEIM Emile. El suicido. Editorial AKal. 1992
[2] Esta expresión pertenece a Jean Baudrillard, y menciona los complejos sistemas de producción que se edifican para dar sentido a la vida, más allá de la simple como inestable vida impulsiva o instintiva.
[3] MARCUSE Herbert. Eros y Civilización. Editorial Ariel. 2003
[4] DOSTOEIVSKY Fiodor. Crimen y Castigo. Editorial Península. 2011.
[5]LIPOVESTKY Gilles. La era del vacío. Editorial Anagrama. 1993.
[6] DEBORD Guy. La sociedad del espectáculo. Editorial Anagrama. 1967.
[7] Categoría propia del contexto de postguerra, o de la guerra fría en el mundo, que señala el papel intervencionista del Estado en  la economía y en la sociedad, como una forma de inhibir el avance del socialismo en el planeta.
[8] Según el que escribe la mayor efervescencia por convocatoria y programa de cambio social lo representó el multivariado movimiento estudiantil de Mayo del 68 en Europa, y en varias ciudades de América Latina. Su agotamiento haría que el mundo irrumpiría en el desencanto postmoderno.
[9] HARDT Michael y NEGRI Antonio. Imperio. Editorial Paidos Ibérica. 2005.
[10] STRAUSS Leo. Progreso o retorno. Editorial Paidos Ibérica. 2004.
[11] Esta idea es parte de la tesis de Horkheimer y Adorno que a la letra dice: “El fruto del imparable progreso es la imparable regresión…”. La Dialéctica de la Ilustración. Editorial Sudamericana. 1967.
[12] MARCUSE Herbert. El hombre Unidimensional. Editorial. 2003.
[13] Expresiones de esta nueva sensibilidad son las culturas indígenas, los jóvenes de variadas tendencias, y las varias minorías culturales, así como los productos de la cultura popular y el artesanado.
[14]El costo económico de la delincuencia organizada en el Perú. http://www.unodc.org/documents/peruandecuador/Publicaciones/UNODC-costo-crimen.pdf
[15] Las pandillas, o los grupos de esquineros trajinantes son ejemplos de esta dimensión sub-cultural
[17] Participando en lecturas de poesía en el Centro de Lima (nota del editor).
[19] Hoy completamente absuelta.
[21] SAFRANSKY Rudiger. El mal o el drama de la libertad. Tusquets editores. 2001.
[26] BOURDIEU Pierre. La masculinidad. Editorial AbyaYala 1998.




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Sociedad al límite contra Estado esquizoide

Francisco Sagasti et ál. han señalado el profundo grado de fragmentación social y crisis de la sociedad peruana a fines de la década del ochenta y comienzos de los noventa. La violencia política desbordada, surgida en 1980, era un factor importante de desestabilización. Para millones de peruanos, el país no tenía salida y el Estado los había abandonado a su suerte. Solo quedaba confiar en las capacidades individuales y en las redes de sobrevivencia (una forma de capital social y cultural).

“Las reformas de política económica puestas en marcha (…) no han permitido regenerar los vínculos sociales disueltos por la crisis económica y la hiperinflación, y han acentuado el proceso de fragmentación de la vida social. La liberalización de los mercados, la apertura del comercio exterior, la reducción del gasto público, la privatización de las empresas públicas, entre otras medidas, han cambiado significativamente la estructura de la sociedad peruana y han tenido como uno de sus efectos el aumento de las desigualdades en la distribución del ingreso. (…) A esto hay que añadir que las múltiples crisis han creado una gran inquietud e incertidumbre entre la población que se siente desamparada por el Estado”[1].

El proceso de individuación, en un contexto de crisis generalizada y anomia, queda muy afectado. Esto fue observado por los citados investigadores: “Las consecuencias de la desintegración de la vida social producto de la violencia, la hiperinflación, la pobreza y el desempleo, acentuadas por los efectos de las reformas en política económica, han hecho que las personas vivan los procesos de individuación más como aislamiento del resto que como resultado de una afirmación de la propia autonomía dentro del conjunto social”.

La globalización no solo ha traído confort y despilfarro –incluso el despilfarro productivo del que habla Baudrillard–, sino la generación de seres humanos residuales, irrecuperables para la sociedad. El homeless, el paria, el refugiado que huye de la devastadora guerra, el anciano sin pensión ni seguro de salud, el mendigo, etc. son desechos sociales, en una sociedad donde la frivolidad y el hedonismo más ramplón son las divisas. Para Zigmunt Bauman:

“La producción de ‘residuos humanos’ o, para ser más exactos, seres humanos residuales (…) es una consecuencia inevitable de la modernización y una compañera inseparable de la modernidad. Es un ineludible efecto secundario de la construcción del orden (…) y del progreso económico (incapaz de proceder sin degradar y devaluar los modos de ‘ganarse la vida’ antaño efectivos y que, por consiguiente, no puede sino privar de su sustento a quienes ejercen dichas ocupaciones)”[2].

Según Guy Bajoit[3], el cambio cultural está relacionado con la adopción de nuevos principios y valores, así como la superación de discursos y relatos culturales que han sido utilizados durante mucho tiempo por las sociedades. Estas representaciones del mundo les han dado un sentido último a los miembros de las sociedades, así como una historia colectiva junto con una teleología fundamental.

¿Cuál es la salida que se vislumbra en medio de tanta incertidumbre e insania muchas veces generada por el mismo Estado peruviano? ¿Es legítima la defensa (autodefensa) del individuo por muy exacerbada que esta sea?

Al parecer, en un escenario posviolencia política, donde el Estado no puede asumir ni siquiera con eficacia su rol de garante de la vida y propiedad, podemos esperar más actos desesperados y esquizoides de los individuos sin control.
Jaime Gamarra Z.


[1] SAGASTI, Francisco et ál. Democracia y buen gobierno. Tercera edición, corregida y aumentada. Lima, Apoyo, 1999, pp. 34/35.
[2] BAUMAN, Zygmunt. Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Barcelona, Paidós, 2005, p. 16.
[3] BAJOIT, Guy. Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en las sociedades contemporáneas. Santiago de Chile, LOM, 2003.