martes, 7 de abril de 2020

Apocalypse Now?


LA CRISIS SANITARIA POR EL COVID-19 LA PAGAN LOS POBRES Y LOS TRABAJADORES. ¿Y LOS RICOS Y LOS GRUPOS ECONÓMICOS?


En el Perú tenemos, por un lado, un 0.5 % de ricos que alcanza a “más de 17 mil millonarios en nuestro país. Unos 880 peruanos con más de 10 millones de dólares. Otros 300 con más de 30 millones de dólares. Alrededor de 37 peruanos con más de 100 millones de dólares. Y al menos 5 con más de mil millones”[1], llegando según Forbes a 6 con más de mil millones (Carlos Rodríiguez Pastor, Vito Rodríguez, Ana María Brescia Cafferata, Eduardo Belmont Anderson, Eduardo Hochschild, y Jorge Rodríguez Rodríiguez); y por otro lado, “40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$ 4 y US$ 10 diarios”[2], 6 millones 593 mil peruanos siguen viviendo en pobreza (20.5 % de la población[3]), 73 % trabaja en empleos informales; 7 millones[4] (22.3 %) no tienen servicio de agua potable en el Perú, y un aproximado de 1 800,000 familias no cuentan con una vivienda o habitan una precaria[5]. Esto muestra no solo la profunda y extendida desigualdad social que en el 2017 habría llegado a 0.81, comparado al 0.43 que reporta oficialmente INEI (1 en el índice GINI expresa la perfecta desigualdad de un país), sino la inmensa exclusión social estructural sobre la que se ha erigido el inventado neoliberalismo peruano que hace que sus “avanzados” grupos económicos tengan licencia estatal para acumular demasiado y distribuir casi nada, y sí socializar sus pérdidas de sus juegos en las ruletas financieras (con nuestro dinero) como nos muestran las AFP.

Así, los millones del pobretariado y del independetariado, vivientes y sobrevivientes que viven en la precariedad de derechos garantizados, recortados y negados por el Estado y los grupos económicos, y la exclusión social y económica del exitosísimo modelo exportable peruano y aspirante a la OCDE, se develan claramente, gracias a un microscópico virus, los conocidos límites del inexistente neoliberalismo peruano. No obstante, por un lado, esta crisis no la están pagando los que más tienen sino los pobres, muchos de los cuales tienen que quedarse en una casa de esteras, madera o triplay, sin agua, y con hambre. Si bien los 380 soles en este primer tramo están llegando a casi 4 millones de personas a quienes de seguro aliviará en algo las necesidades y los estómagos, la crisis muestra la exclusión estructural y los márgenes en la que viven millones de los cuasi ciudadanos del Perú; mientras que, por otro lado, la liberación de la CTS, la suspensión del pago al sistema de pensiones y la liberación de 2000 soles de la AFP afectan directamente a la clase trabajadora que viene costeando la crisis con sus ahorros y su jubilación en un acto patriótico que lleva a uno a entonar repetidamente el “Contigo Perú” del Zambo Cavero. En tanto, las AFP pierden miles de millones de los asegurados; y el Estado costea la crisis con el dinero de los pocos impuestos cobrados sin mirar los miles de millones no cobrados por los privilegios tributarios (y evasión) de los sectores económicos minero, financiero, aseguradoras, agroexportador, pesquero y aéreo. Es decir, esta crisis la pagan la clase trabajadora, el pobretariado y el independetariado.    

No obstante la emergencia sanitaria, la desigualdad social, la exclusión estructural y la concentración de riqueza, este gobierno y Estado que ha ampliado la ley de promoción agraria hasta el 2031 y los beneficios tributarios al sector minero y de hidrocarburos, que hace uso de la ley de activos críticos y los estados de emergencia para garantizar los intereses de la clase empresarial minera, que evita discutir la ley general de minería; apela a la solidaridad de los bancos para que no cobren intereses en tiempos de COV-19 por lo que es entendible que cuando le preguntan los medios internacionales sobre la propuesta de un impuesto a las fortunas en el Perú Vizcarra, al igual que la ministra del MEF, vuelven a hacer un llamamiento a la solidaridad de los millonarios: “sobre grandes fortunas que puedan haber en algunos grupos económicos en el país y que puedan también colaborar como todos estamos haciendo para poder salir de esta crisis (…) hemos dicho desde un principio que el principal valor que necesitamos ahora de la sociedad es la solidaridad”[6]. Pos-COVID-19 se abre el momento político oportuno para poner en cuestión el modelo neoliberal dominante con una serie de perversiones y fallas, que terminan generando alta concentración de riqueza, alta desigualdad y alta exclusión y que requiere urgentemente ser cambiado.

Soc. José Antonio Lapa Romero
5 de abril de 2020






[1] Riqueza y desigualdad en el Perú: vision panorámica. 8 de febrero de 2019. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/latest/policy-paper/riqueza-y-desigualdad-en-el-per%C3%BA-visi%C3%B3n-panor%C3%A1mica>
[2] OXFAM. Para no retroceder. Realidad y riesgo de la desigualdad en el Perú. Documento de Trabajo Perú N° 1 2015. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/sites/peru.oxfam.org/files/file_attachments/Documento%20Peru%20%281%29.pdf>
[3] Según INEI los pobres en el país son los hogares cuyo gasto per cápita no llegó a cubrir una canasta basicabásica calculadao en 344 soles. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/economia/pobreza-pobres-dinero-donde-pido-prestamos-quienes-y-cuantas-personas-son-consideradas-pobres-en-el-peru-noticia-1191046>
[4] LA REPÚBLICA. Más de 7 millones de peruanos sin agua potable. 13 de marzo de 2020.  Consulta: 5 de abril de 2020 <https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/13/coronavirus-peru-mas-de-siete-millones-de-peruanos-sin-agua-potable/>
[5] RPP. Perú es el tercer país de Latinoamérica con mayor déficit de viviendas. 2 de diciembre del 2016. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/inmobiliaria/peru-es-el-tercer-pais-de-latinoamerica-con-mayor-deficit-de-viviendas-noticia-1014065>
[6] Vizcarra da balance del coronavirus en el Perú. 3 de abril de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=z7yPl05vh0Y



Extraído de https://www.jw.org/es/biblioteca/revistas/atalaya-2017-numero3-mayo/quienes-son-cuatro-jinetes-apocalipsis/



Apocalypse Now?


En el imaginario colectivo no son muy lejanas las imágenes de las largas colas y el desabastecimiento general de los productos básicos, durante el último periodo del nefasto primer gobierno de García Pérez. Solo unos cuantos elegidos se mantuvieron en sus burbujas de confort y normalidad. La anomia social y la desestructuración fueron los signos distintivos de esa época (fines de los 80 y primera mitad de los 90) y hoy, ad portas del Bicentenario, una pandemia nos lleva a reflexionar sobre la precariedad de la existencia y la insana ilusión de pretender vivir en una burbuja de confort, estabilidad e hiperconsumo, mientras millones de personas son excluidas de los beneficios del sacrosanto “progreso” y se convierten en seres humanos residuales (en una sociedad líquida de desechos, como diría Bauman).


Los altos funcionarios del gobierno peruano nos advierten que el sistema de salud estaría a punto de colapsar si no respetamos el estado de emergencia y las recomendaciones. Los tecnoburócratas nos quieren hacer olvidar que el sistema de salud pública en el Perú está colapsado desde hace mucho. La OMS recomienda que el promedio de inversión en salud sea el 6 % del PBI. En el Perú, la inversión gubernamental representa el 3.5 % del PBI y se trata de una de las más bajas de la región[1]. Nuestro país tiene 13 médicos por cada 10 000 habitantes[2], muy a la zaga de otros países latinoamericanos. No somos apocalípticos si damos cuenta de la gravedad de la situación en medio de la paranoia (muy real) y el pavor generalizados.


Como en la película Blue Velvet, de David Lynch, las grietas y las disrupciones que trastocan nuestra confortable y apacible realidad cotidiana son inevitables y contundentes a veces, y nos pueden servir para tomar conciencia de que necesitamos ser empáticos y tener una mirada holística, menos unilateral y cómoda. No debemos soslayarlas para develar la “dichosa interconexión para todos”[3] de la que habla el poeta budista norteamericano Gary Snyder.


Tal vez esta crisis nos sirva para desarrollar oportunidades y fortalezas en medio del pánico y la incertidumbre:  “Pero quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”[4].

Los políticos y los tecnócratas iluminados –por más apocalípticos y dramáticos que sean– nunca tienen la última palabra.

Jaime Gamarra Z.
Escritor y gestor cultural



[1] RUIZ, Mariana. “PBI en salud más bajo de la región es de Perú”. En: Perú21. 21/10/2018. Recuperado el 6 de abril de 2020 de:  https://peru21.pe/economia/pbi-salud-region-peru-435718-noticia/?ref=p21r
[2] https://gestion.pe/peru/peru-12-8-medicos-10-000-habitantes-abajo-paises-ocde-236346-noticia/
[3] https://www.poetry-chaikhana.com/blog/2013/09/25/gary-snyder-for-all/
[4] ŽIŽEK, Slavoj. “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”. En: Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. ASPO, 2020, p. 22.


Fotograma de El séptimo sello, de I. Bergman, película de 1957

sábado, 11 de enero de 2020

¿El fujimorismo: un mal necesario?




EL FUJIMORISMO Y OTROS MALES SOCIALES ARRAIGADOS EN EL PERÚ CONTEMPORÁNEO


INTRODUCCIÓN

En sus orígenes la república presentaba graves antagonismos y una fuerte herencia de lacras coloniales, algunas de las cuales persisten hasta hoy (como parte de la estructura básica de la sociedad peruana). Para Flores Galindo (1999): “La sociedad colonial, cuando llega la Independencia, no había producido ciudadanos como en América del Norte, sino hombres diferenciados por el color de la piel, el título nobiliario, el ingreso económico, los antepasados, el lugar de nacimiento” (p. 40).

González Prada (2005) nos ha dejado un acertado diagnóstico, que aun hoy todavía está vigente.

Sacudimos la tutela de los virreyes y vegetamos bajo la tiranía de los militares, de modo que nuestra verdadera forma de gobierno es el caporalismo. Emancipamos al esclavo negro para sustituirlo con el esclavo amarillo, el chino. El sustrato nacional o el indio permanece como en el tiempo de la dominación española: envuelto en la misma ignorancia y abatido por la misma servidumbre, pues si no siente la vara del corregidor, gime bajo la férula de la autoridad o del hacendado; si no paga tributo en oro, da contribución en carne; si no muere en la mina, sucumbe en los campos de batalla. (pp. 120 y 121)

Los males y los problemas sociales enraizados en la estructura básica de la sociedad peruana han sido un enorme óbice para que nuestro país se convierta en una nación con un alto índice de desarrollo humano (esto en la perspectiva de Sen (2000), que entiende que las oportunidades sociales de acceso a la educación, a la salud, etc., influyen en la libertad fundamental de la población para vivir mejor así como para lograr una mayor participación social). Estos males sociales (corrupción, peculado, autoritarismo, racismo, etc.) han significado un sinfín de oportunidades perdidas y una grave desestructuración social en lo que va de la vida republicana. Según Quiroz (2013):

el costo de la corrupción para el desarrollo económico y social peruano en su historia republicana ha sido estructural y consistentemente alto o muy alto, pese a las variaciones cíclicas. Considerando que para alcanzar un crecimiento autosostenido se requiere de una tasa de crecimiento media anual del PBI de entre 5 y 8 por ciento en el largo plazo, debido a la corrupción sistemática y descontrolada, el Perú perdió o distribuyó mal el equivalente de aproximadamente el 40 a 50 por ciento de sus posibilidades de desarrollo. (p. 554)

I. ESTADO NACIONAL Y DIFERENCIA

Una sociedad diversa y multicultural como la nuestra no fue organizada políticamente en función de una política de la diferencia. Para Castro (2007): “en el Perú la diversidad étnica se ha encontrado o se encuentra marcada por el reconocimiento de algunas etnias y culturas con mayor prestigio y poder –criollos y mestizos– y con otras con menos poder y sin prestigio social –andinos y nativos–“ (p. 223).

No podemos pasar por alto que los Estados nacionales, incluso el Estado peruano, no constituyen formaciones homogéneas. Como lo señala Walzer (1998):
La mayoría de los Estados que constituyen la comunidad internacional son Estados nacionales. Llamarles así no significa que están formados por poblaciones nacionales (étnicas o religiosas) homogéneas. (…) Significa exclusivamente que un único grupo dominante organiza la vida en común de manera tal que refleja su propia historia y cultura y, si las cosas marchan como se pretende, lleva hacia adelante la historia y mantiene la cultura. Son esas intenciones las que determinan el carácter de la educación pública, los símbolos y el ceremonial de la vida pública, el calendario estatal y las fiestas o vacaciones que se disfrutan. Colocado entre las historias y las culturas, el Estado nacional no es neutral; su aparato político es una maquinaria para la reproducción nacional. (p. 39)

Debido a que el grupo dominante ha impuesto en nuestro país una forma de enseñanza, es imprescindible adoptar el multiculturalismo y la política de la diferencia, que supere la política de la dignidad igualitaria asociada al liberalismo clásico. “El liberalismo de la dignidad igualitaria parece suponer que hay unos principios universales que son ciegos a la diferencia” (Taylor, 1993, p. 68).

No vemos otra alternativa para superar la indiferencia y marginación en las que se encuentran los pueblos originarios o etnias ancestrales. Un Estado racista y excluyente ha sido óbice para lograr el reconocimiento de estos (un dato fáctico que debemos considerar es que, según la CVR, el 75 % de víctimas fatales del proceso de violencia política, iniciado en 1980, es quechuahablante[1]). 


II. EL FUJIMORISMO NUESTRO DE CADA DÍA

El fujimorismo surge en un contexto sociohistórico de grave desestructuración social y alarmante crisis económica (fines de los 80). Sus orígenes están signados por las componendas y el clientelismo. Izquierda Unida y el Partido Aprista coadyuvaron a posicionar a un desconocido Alberto Fujimori en el escenario político nacional. La crisis económica marcó un periodo de incertidumbre y anomia social. Una grave crisis institucional era el corolario de gobiernos corruptos e ineficaces. A ello debemos añadir el problema del terrorismo del PCP-SL. El gobierno de Fujimori (con el lema “Honradez, tecnología y trabajo”) surge como salvador de la patria. Esto se ve refrendado luego del autogolpe del 5 de abril de 1992, lo cual fue posible gracias a una alianza cívico-militar y al desprestigio total de los partidos políticos (de izquierda y de derecha por igual). Quiroz (2013) habla precisamente del “régimen bicéfalo de Montesinos y Fujimori” (p. 512).

El periodo del fujimorismo en el gobierno (1990-2000) se caracterizó por el autoritarismo, el clientelismo y el peculado exacerbados. Una autocracia deleznable cooptó todas las instituciones que pudo para concretar sus fines de largo plazo. De este modo, el Poder Judicial, el Ministerio Público, las FF. AA., el Congreso, la ONPE, el Tribunal Constitucional, la prensa, etc. fueron mediatizados y, en muchos casos, pasaron a estar bajo el total control del fujimorismo. Para Pedraglio (2014) “la forma como un aventurero, como Alberto Fujimori, convocó a los poderes fácticos, creó nuevas lealtades y sobre todo terminó de destruir el Estado (del que formaban parte los partidos políticos) y las bases productivas vigentes, fue radical, contundente y sobre todo exitosa” (p. 40). 

La justificación del fujimorismo (Torres y Torres Lara, 2005) fue que la situación político-económica se hizo insostenible y el gobierno de Fujimori estaba en una disyuntiva o callejón sin salida. La Ley 25397, ley de control parlamentario sobre los actos normativos del presidente de la República, publicada el 9 de febrero de 1992, fue la espada de Damocles, colocada por la oposición. De este modo, Fujimori no tuvo otra opción, sino el "contragolpe". 

El 19 de noviembre de 2000 Fujimori renunció desde Tokio. El 7 de noviembre de 2005 Fujimori fue detenido en Chile y, posteriormente, extraditado. Finalmente, fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad (casos Barrios Altos y La Cantuta). No obstante, Fujimori se encargó de “cederles la posta” a sus herederos políticos, principalmente a su hija mayor. Pero el expresidente nunca se retiró definitivamente a sus cuarteles de invierno.  

Una cuestión surge claramente: ¿por qué, a pesar de las pruebas contundentes de corrupción, peculado, cooptación, etc. el fujimorismo sigue siendo aceptado por un significativo porcentaje de la población?

En la segunda elección presidencial del 2016, Keiko Fujimori obtuvo el 49.880 % del total de votos válidos, que representa 8’ 555880 votantes[2].“Roba, pero hace obras” sigue siendo el dicho preferido en el imaginario de los votantes peruanos. Estos mismos votantes olvidan un hecho fundamental: “el fujimorismo aparece permanentemente asociado a intereses criminales” (Vergara, 2018).

Replanteamos entonces nuestra interrogante: ¿por qué una organización asociada constantemente a intereses subalternos e ilegales sigue contando con significativo apoyo popular? 

El fujimorismo parece ser un “mal necesario” en la política peruana. Los seguidores o simpatizantes de Alberto Fujimori lo siguen considerando como el “mesías” que salvó a la patria del terrorismo y la hiperinflación. Asimismo, consideran terriblemente injusta la condena de 25 años que le fue dada.

III. LA MATRIZ AUTORITARIA

Fujimori asumió el rol de caudillo autoritario que se enfrentó a problemas sociales acuciantes y tuvo mucho éxito. De esta forma, Fujimori es parte de una tradición política en nuestro país. Como lo señala Flores Galindo (1999), la presencia del Ejército en la vida política del país es una constante en la República. La alianza cívico-militar iniciada en 1991 le permitió a Fujimori gobernar a sus anchas. Su proyecto político era de largo plazo y no tuvo reparos (ni escrúpulos) para mantenerse en el poder desde 1990 hasta noviembre del 2000, cooptando y mediatizando todas las instituciones políticas que pudo. Un operador clave fue Vladimiro Montesinos. Sin embargo, no debemos soslayar que los grandes empresarios apoyaron convenientemente (y entusiastamente) a Fujimori. 

Es el caso de un outsider político que llegó a tener mucho éxito y se convirtió en un político muy popular. Fujimori fue un caudillo carismático autoritario, que supo capitalizar el gran descontento y desilusión de la ciudadanía a fines de los 80 y comienzos de los 90. Odría, Sánchez Cerro, Leguía, Alan García, etc. fueron también caudillos autoritarios con mucha popularidad durante sus gobiernos. Nuestra sociedad está agobiada por caudillos histriónicos y autoritarios. Y no solo han proliferado en el escenario político, sino además en el hampa, las barras bravas, las empresas, etc. ¿Hay alguna forma de superar el caudillismo en una sociedad autoritaria como la nuestra?


A MANERA DE CONCLUSIÓN
El fujimorismo es un fenómeno político y social que surge en un contexto histórico muy particular, en el cual las organizaciones políticas estuvieron muy desprestigiadas y la desestructuración social fue muy grave. La violencia política descontrolada a finales de los 80 provocó traumas en el imaginario de la sociedad peruana, principalmente en Lima y en localidades de la Sierra Sur, donde en muchos casos los pobladores quedaron atrapados entre dos fuegos: la insania senderista y la represión indiscriminada del Estado.
Fujimori se valió del clientelismo y patrimonialismo para llevar a cabo su proyecto político de largo plazo (en el camino hizo alianzas con las FF. AA. y con empresarios poderosos aglutinados alrededor de la Confiep). Representa lo peor de una tradición política muy enraizada en nuestra vida social.

REFERENCIAS

Castro, A. (2007). Un debate previo y epistemológico sobre el Estado, la nación y la estratificación en el Perú. En O. Plaza (coord.). Clases sociales en el Perú: visiones y trayectorias (págs. 199-228). Lima: PUCP, Cisepa.

Flores Galindo, A. (1999). La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú. Lima: Sur Casa de Estudios del Socialismo.

González Prada, M. (2005). Pájinas libres. Lima: El Comercio.

Kymlicka, W. (2002). Estados multiculturales y ciudadanos interculturales. Recuperado el 25 de octubre de 2019 de

López, S. (2007). Ciudadanos reales e imaginarios. Lima: Instituto Diálogo y Propuestas.

López, L. (1996). No más danzas de ratones grises: sobre interculturalidad, democracia y educación. En: Godenzzi (compilador). Educación e interculturalidad en los Andes y Amazonía. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas.

Pedraglio, S. (2014).Cómo se llegó a la dictadura consentida. El gobierno de Alberto Fujimori: 1990-1992. Tesis para optar el grado académico de Magíster en Sociología con Mención en Sociología Política. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Ciencias Sociales, Lima. Recuperada el 8 de enero de 2020 de


Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Lima: IEP.

Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Planeta.

Taylor, Ch. (1993). El multiculturalismo y la “política del reconocimiento”. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Torres y Torres Lara, C. (2005). Testimonio político. Lima: Asesorandina.

Vergara, A. (2018, 22 de octubre). El fujimorismo ha sido un mal innecesario para Perú. The New York Times. Recuperado el 8 de enero de 2020 de https://www.nytimes.com/es/2018/10/22/opinion-fujimorismo-innecesario-peru/
Walzer, M. (1998). Tratado sobre la tolerancia. Barcelona: Paidós.

Jaime N. Gamarra Jr.
Escritor y gestor cultural de la UNMSM


[1] Véase: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php

jueves, 24 de octubre de 2019

El fascismo nunca se fue de Chile



El fascismo nunca se fue de Chile

   El modelo de desarrollo impuesto a partir de Bretton Woods está liquidado. No da para más. El FMI, la OMC, la OEA, etc. son instancias que han impuesto a los países llamados del Tercer Mundo políticas económicas y "recomendaciones" que solo han servido para acrecentar los enormes antagonismos sociales y las inequidades,  favoreciendo a las élites locales a expensas de la clase trabajadora y las masas campesinas en proceso de proletarización desde hace varias décadas. 

   Chile es uno de los países donde fue aplicado "ejemplarmente" el modelo económico neoliberal y el Estado mínimo (los Chicago Boys fueron los paradigmas de la política económica chilena), luego de la implantación de un régimen fascista (setiembre de 1973) que persiguió con terror y extrema crueldad a los opositores políticos y a todo aquel que consideró “enemigo”. El resultado fue la eliminación física y la “desaparición” de miles de estudiantes, obreros, campesinos e intelectuales que se opusieron (incluso algunos con las armas) a un régimen criminal, auspiciado por los Estados Unidos y otras potencias imperialistas. 

   Ese fascismo nunca se fue, a pesar de los sucesivos gobiernos de la Concertación y de la “izquierda oficial” (PS). Es que los libertarios lo hemos denunciado siempre: el Estado y sus Fuerzas Armadas y Policiales (cancerberos) son los enemigos de la libertad y de los trabajadores. En todas partes es así (Chile, Perú, Ecuador, China, EE.UU.), etc. El gobierno ultraderechista de Piñera ha decretado el toque de queda y los milicos han salido a las calles y, tal como lo denuncian los compañeros de la región chilena, el terror ha sido diseminado en un contexto de “democracia” y supuesto respeto de los derechos humanos (¿de quiénes?). Las detenciones arbitrarias no cesan, los muertos ya excedieron los 20, hay agresiones sexuales a compañeras por parte de milicos y carabineros, etc. El terrorismo de Estado como en épocas nefastas. La represión salvaje en consonancia con el predominio del principio de autoridad. 

   Como lo denuncia la Federación Anarquista Santiago, el gobierno derechista viene desarrollando una estrategia comunicacional que quiere internalizar la idea de que se trata únicamente de un “conflicto de seguridad”, en donde la prioridad es restablecer el orden y la legalidad (a toda costa, es decir a sangre y fuego). Ya son más de 5400 detenidos hasta el 22 de octubre (según la Fiscalía chilena), más de 250 personas heridas de gravedad y el gobierno “pretende ocultar su responsabilidad”. Como lo señalan los compañeros de El Sol Ácrata en el número especial de octubre: "Ha quedado al descubierto el verdadero rostro de esta democracia putrefacta al servicio del capital, dispuesta a asesinar para garantizar sus propiedades e intereses...".
  
   Este terrorismo de Estado debe ser detenido y la represión indiscriminada debe cesar. Una verdadera huelga general es el camino para hacerle sentir al gobierno que los trabajadores ya perdieron el miedo y están hartos. Ni los politiqueros oportunistas de siempre (del PC y del PS) ni los recientes tienen cabida en esta eclosión social del elemento más combativo del pueblo. La solidaridad de todos los internacionalistas es necesaria más que nunca. Para que el fascismo de ayer no alce el vuelo y sea liquidado para siempre en las sombras infaustas de la historia.


Korriente A

https://www.telesurtv.net/news/chile-represion-protestas-torturas-detenidos-crucificados-20191024-0026.html


https://radio.uchile.cl/2019/10/23/protestas-en-chile/