miércoles, 27 de mayo de 2020

El miedo y la crisis actual


EL MIEDO Y EL VIRUS EN PERÚ

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Alejandro Dumas

El miedo manejado es la peor de las pandemias. La sobreinformación, las idas y vueltas sobre la forma de contagio o las posibles curas sobre el virus son utilizadas por los gobiernos a su antojo, y más aún en un país como el nuestro donde la corrupción está generalizada desde el presidente hasta el que tiene un pequeño negocio, con un Poder Judicial manejado por mafias, un sistema de salud que ya estaba colapsado desde antes del virus y unas fuerzas armadas y policiales con altos mandos prestos a poner sus garras sobre cualquier oportunidad.

Pero aquí, lo que me ha sorprendido realmente es ver a demócratas pidiendo “mano dura”, a gran porcentaje de la población emocionada con los discursos “paternales” del presidente, la falta de empatía para con los necesitados, los que viven del día a día y los que han perdido su trabajo por no tener la “suerte” de un oficio “acorde con los tiempos” o no poder adaptarse al trabajo online.

Los que creemos en la democracia vemos con terrible desagrado las imposiciones que recortan o delimitan las libertades individuales, pero esto lo avala el Miedo, miedo al contagio, miedo a la muerte; palabras como “infectados”, “pandemia” y el constante conteo de muertos y contagiados han sacado no lo mejor, sino lo peor de mucha gente. Mi padre, que vivió de niño la Segunda Guerra Mundial, me dijo que una de las peores cosas que pasó en Italia fue una campaña de los gobiernos de Alemania e Italia en conjunto, que pedía a la población que denunciase si existía algún judío o traidor a la patria y donde cualquiera acusaba a su vecino o incluso familiar ante las autoridades (pogroms). Ahora veo con indignación a gente que acusa que su vecino sacó el perro, que afuera van de a dos al mercado, que tal conocido está corriendo en el parque, etc. 

Y los mayores, se ha dicho tanto de ellos, que muchos se están muriendo o deteriorando por depresión, “si salen se van a infectar”, “hay que cuidarlos”, “población de riesgo”, etc. Me apenan mucho las miradas que tienen, la falta de humanidad de sus familiares, todo por “cuidarlos”.

El Miedo hace daño, mucho más daño que el mismo virus, baja la inmunidad, los anticuerpos se debilitan, crea paranoia, obsesiones, etc. En muchos casos inclusive enferma a la persona. ¿Cuántas enfermedades son provocadas por sugestión? ¿cuántas personas que no han tenido el virus tienen todos los síntomas? De eso no hay cifras.

El miedo no cree en otras opiniones, en otra visión que no sea la de la paranoia oficial y a cualquier persona que “atente” contra su visión de “seguridad” será tildado de “irresponsable”, “opinólogo”, “conspiranoico” y hasta traidor a la patria. Por eso se ven muchos casos de insultos a las personas que difieren de la versión oficial de los hechos.

Espero que este miedo no deje estragos a largo plazo, pero temo que tendremos (además de la crisis económica) varios años de estudios y terapias sobre las secuelas psicológicas que esta gran campaña sicosocial ha creado.

Giuseppe Risica





Foto de Robert Capa, julio de 1944.


MIEDO Y PANDEMÓNIUM SOCIAL EN TIEMPOS DE CRISIS

La fotografía de arriba fue tomada en julio de 1944 por el legendario fotógrafo Robert Capa. Era Chartres, donde una mujer francesa, con su hijo en los brazos, fue detenida por la policía. El delito: haber sostenido relaciones sexuales con un soldado alemán, producto de las cuales nació el niño. Era rodeada por una multitud que hacía escarnio de ella y la amenazaba sin tregua. Había sido rapada y humillada previamente. Terror, ansiedad, euforia, psicosis colectiva, irracionalidad, falta de empatía, crueldad, etc. se confunden como letanías en una foto icónica. La liberación de París se produciría poco después.

El miedo es un instinto básico que puede salvarnos la vida, pero también puede convertirnos en verdaderos monstruos inmisericordes. Este miedo puede ser (y es) aprovechado por los gobiernos de turno muy eficazmente. Durante periodos históricos concretos se ha dado este proceso de internalización y hábil manipulación política. El caso de la Alemania de los 30 y 40 es bien conocido, aunque no es el único. Como dice Chomsky: “Son muchas las causas de los acontecimientos históricos complejos. Un factor crucial en este caso fue la hábil manipulación del miedo. La ‘gente común’ fue arrastrada al miedo de una conspiración mundial judío-bolchevique que pondría en riesgo la mismísima supervivencia del pueblo alemán. Eran necesarias medidas extremas, en ‘defensa propia’. Venerables intelectuales fueron aún más lejos”[1].

Hoy en día, al parecer la historia se repite en algún sentido. El Gobierno peruano tiene carta libre, debido a su legitimidad producto de una gran popularidad (más del 70 %, según las encuestas de opinión). Es decir, miles han perdido sus trabajos, otros tantos han quedado endeudados, muchas empresas y negocios particulares han quebrado, los hospitales y el sector de salud son calamitosos (desde mucho antes de la pandemia), hay recesión, etc.; pero, la “estrategia” del Gobierno está siendo respaldada tácitamente por muchos ciudadanos. El estado de emergencia y el recorte de libertades individuales son aplaudidos por muchos que piden, a su vez, más “mano dura” y violencia. ¿Es increíble que pase esto en un país que fue asolado durante más de 20 años por un proceso de violencia política muy fuerte? ¿Hay una matriz autoritaria inherente históricamente a la sociedad peruana que no se puede negar? ¿Por qué en épocas de crisis y angustia generalizada nos cuesta tanto ser empáticos, solidarios y racionales? Al parecer el miedo y la manipulación política van de la mano como el alcohol y el jabón en épocas de pandemia.

Márlet Ríos



[1] Véase: CHOMSKY, N. “Recurrir al miedo”. Recuperado el 27 de mayo de 2020 de https://malsalvaje.com/2019/12/16/recurrir-al-miedo-un-texto-de-noam-chomsky/



Mujer judía acosada por la multitud en el pogrom (Ucrania)
Disponible en Wikipedia

domingo, 24 de mayo de 2020

Los profetas de la crisis y una explicación sociológica


¿POR QUÉ LOS MARTILLAZOS NO APLANAN EL COMPORTAMIENTO SOCIAL?: UNA MIRADA DESDE LA SOCIOLOGÍA


En el Perú hemos llegado a 92 273 casos de personas contagiadas con COVID-19 y un índice de letalidad de 2.78. Aunque varias regiones se encuentran desbordadas, el Gobierno en su sano optimismo y voluntarismo sostiene que ya estaríamos llegando a la cima de la meseta, no obstante el voluntarismo gubernamental se estrella con la dura realidad estructural peruana atravesada de exclusión y precariedad estatal. Por lo que en las siguientes líneas intentaremos dar respuesta a lo siguiente: ¿por qué los martillazos no aplanan el comportamiento social que se expresa en incremento del contagio? y ¿por qué en algunas regiones se ha producido el desborde y en otras no? Para ello emplearemos algunas variables económicas, sociales y políticas: precariedad laboral, nivel de pobreza, concentración urbana, nivel de ruralidad, densidad organizacional, precariedad del servicio de salud y eficacia de las políticas estatales.

1. LA RAZÓN ECONÓMICA PARA EL NO APLANAMIENTO

En el Perú los sucesivos gobiernos, prensa y los sectores empresariales han marketeado una supuesta economía exitosa neoliberal peruana, candidata a un pronto ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y que ahora se acoge a la suspensión perfecta de labores o que en especial muchas grandes empresas han sido beneficiarias del plan de reactivación económica del Estado; sin embargo, más allá de nuestro limitado glamour económico ha existido por décadas, y convivido con dicha economía, una economía de sobrevivencia donde 73 % son informales, y “40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$4 y US$10 diarios” .

Mirado así, el comportamiento social exigido por el Gobierno ante la pandemia termina siendo aplanado por el comportamiento económico porque predomina la necesidad de ganarse el pan diario de una mayoría de los sectores populares de la sociedad peruana –el retiro de la CTS o de los fondos de la AFP es solo para un sector de la clase trabajadora “privilegiada”– constituida dentro de economías de sobrevivencia. Estos sectores populares han tomado por asalto por décadas las calles, los mercados, el cachueleo, los trabajos  con escasos derechos laborales o sin derechos laborales más que el salario o trabajos que en una mayoría son al mismo tiempo hijos de una sociedad y un Estado excluyente. De esta realidad está atravesada Lima, Callao, Piura, Loreto (Iquitos), Lambayeque o La Libertad. En estos casos está claro que los factores relacionados a alta precariedad laboral, niveles medios de pobreza y la alta concentración de población urbana –que vive en su mayoría en la precariedad– influyen en el incremento de los niveles de contagio y en el comportamiento social de casi no acatamiento de la cuarentena, y no tiene que ver con el sentido común extendido que atribuye la tragedia de estas regiones a una filiación política fujimorista o al poco nivel educativo.

Aunque es importante mirar que el nivel de pobreza es un factor variable en la explicación porque si uno mira las regiones más pobres históricamente como Huancavelica, Cajamarca, Huánuco o Apurímac, son al mismo tiempo las que menos casos de contagio tienen debido a factores relacionados al mayor nivel de conexión o desconexión geográfica y el nivel de ruralidad. 

2. LA RAZÓN SOCIAL PARA EL NO APLANAMIENTO

La razón social está relacionada a cuatro factores: 1) nivel de concentración de población urbana; 2) nivel de conexión o desconexión geográfica; 3) nivel de ruralidad; 4) cultura de la informalidad. Las regiones del país que tienen mayores niveles de contagio son al mismo tiempo regiones o capitales de región que presentan además de la precariedad laboral, altos niveles de concentración de población urbana como Lima, Callao y regiones como Lambayeque (78 %), Piura (66 %), Loreto (46 %) o La Libertad (66 %). Además, estas capitales de región son centros de migración y alta conexión geográfica a comparación de las regiones donde la menor conexión geográfica y la alta densidad organizacional comunitaria juegan un papel a favor de los menores casos: Cajamarca, Apurímac, Amazonas, Pasco, Puno y podríamos poner Cusco. Esta vez la menor conexión y la pobreza juegan a favor de estas regiones que las convierte paradójicamente en centros de menor atracción de migración y concentración urbana.

Las regiones con mayor población rural y/o que mantienen conexión con el mundo rural son al mismo tiempo las regiones que tienen menores casos de contagio: Apurímac, Cusco, Puno, Huánuco y otros. Así, este mayor nivel de ruralidad genera que las mayores fuentes de alimentación influyan en que en un escenario de pandemia la población pueda en mayor medida no movilizarse o reducir su movilización, a comparación de regiones donde las fuentes de alimentación están concentradas en el ingreso económico o el salario como es en Piura, La Libertad o Lambayeque donde ha habido un crecimiento significativo de áreas de producción pero concentrado en la agroexportación.

Finalmente, la cultura de la informalidad y la cultura de la anomia son muy extendidas en el país y tienen que ver con la forma como se ha constituido la sociedad peruana con base en la marginación, la exclusión y sin mayor “autoridad” dentro de un sentido común exacerbado por los casi 30 años de neoliberalismo peruano de la vida salvaje. 

 3. LA RAZÓN POLÍTICA PARA EL NO APLANAMIENTO

La razón política está relacionada a lo siguiente: 1) la precariedad de servicios de salud pública; 2) eficacia gubernamental y estatal. Es indudable que la pandemia ha sido gestionada con una relativa eficacia comunicacional, mucho voluntarismo y claro en gran parte haciendo pagar la crisis a los que menos tienen, pero que ha tenido serias limitaciones que se han estrellado con una realidad estructuralmente desfavorable. Así, los casos de Loreto donde la crisis se manifiesta en el acceso o no a balones de oxígeno que definen la vida o la muerte, Lambayeque o Piura muestran una realidad nacional desbordada y de precariedad de los servicios públicos de salud que han venido funcionando en todas las regiones del Perú en un mar de precariedades. Además, las políticas públicas estatales para su eficacia requieren ser oportunas, pero cuando tenemos bonos (Yo me quedo en casa, Independencia, Rural o Universal) que llegan luego de más de 15 días o más de 1 mes son días y meses que abren una puerta enorme para el incremento de contagio. Es decir, la poca eficacia estatal de los servicios públicos de salud y las políticas sociales también está relacionada al incremento de los casos e influyen en el no aplanamiento del comportamiento social.

La combinación de estos factores explicativos económicos, sociales y políticos explican el comportamiento social en medio de la pandemia que tiene que ir más allá de los prejuicios o atribución de responsabilidad a la población. Pasa por entender mejor el país y no volver a nuestra absoluta anormalidad.

Soc. José Antonio Lapa Romero

18 de mayo de 2020


Dibujo de Roberto Ojeda Escalante








LOS PROFETAS DE LA CRISIS

Introducción

Ante tantas apreciaciones muy subjetivas y rimbombantes, pero parcializadas, que se dejan llevar ante todo por prejuicios, falacias de generalización, reduccionismos, etc.; somos conscientes de que es necesaria más que nunca una teoría crítica revitalizada, con un enfoque interdisciplinario holístico, que rechace reduccionismos y miradas parciales de la “realidad” peruana. Necesitamos más que nunca teóricos críticos y metodólogos antes que profetas y parlanchines carismáticos. Nuestra patria está o debería estar harta de caudillos y profetas carismáticos que poco bien le han hecho al colectivo.

Metodólogos de combate

¿En realidad estamos en pleno Apocalipsis y vivimos nuestros últimos días en esta viña del Señor? ¿La particular idiosincrasia de los peruanos y su descomunal falta de civismo o civilidad sirven para explicar plenamente la crisis actual? Para muchos legos y no tan legos, el espíritu del nuevo “capitalismo criollo” explicaría suficientemente la crisis actual. Como dice Weber (1984):

en la patria de Benjamin Franklin (Massachusetts) el “espíritu capitalista” (…) existió con anterioridad al “desarrollo del capitalismo”; en cambio, en las colonias vecinas (lo que después fueron los Estados del Sur de la Unión), ese espíritu alcanzó un desarrollo mucho menor, a pesar de haber sido vitalizadas por grandes capitalistas, con fines comerciales, mientras que las colonias de Nueva Inglaterra lo fueron por predicadores y graduados, en unión de pequeños burgueses, artesanos y labradores, con fines religiosos (…). (p. 60)


Variables e indicadores desdeñados por los profetas y los caudillos histéricos deben servir a los teóricos críticos y metodólogos. Una investigación seria, entonces, es requerida. Tal como ayer, necesitamos investigadores que se tomen muy en serio su trabajo. La pasión no está vetada. Solo la charlatanería y la vacuidad serían apartadas. Debemos cribar, depurar y contrastar; y, claro está, recurrir a las fuentes primarias, como si fuese el oráculo de Delfos. Es preciso darnos cuenta de que información no es necesariamente conocimiento y de que nos encontramos en un momento histórico donde predomina el homo videns y la sociedad teledirigida (como diría Sartori). Como lo indican Booth, Colom y Williams (1995):

Nos encontramos anegados de información, la mayor parte empaquetada para conveniencia de los intereses comerciales o políticos de algunos. Más que nunca, la sociedad necesita personas con mentes de capacidad crítica, personas que puedan considerar una investigación, hacer sus propias preguntas y encontrar sus propias respuestas. Sólo después de haber experimentado el proceso incierto y con frecuencia desaliñado de realizar su propia investigación, está en condiciones de evaluar inteligentemente la investigación de otros. (p. 21)

De crisis y profetas

Los lazos de la cooperación, el apoyo mutuo y la empatía se debilitan en tiempos de crisis (pero no se pierden del todo). Una enorme informalidad en el mundo del trabajo entre nosotros puede inclinar la balanza. De este modo: “En tiempos de crisis, en los que es necesario actuar casi exclusivamente por cuenta propia para el beneficio personal y el de las personas más allegadas a uno, los lazos comunales y de solidaridad tienden a disgregarse. La alternativa que ofrece el mundo de la informalidad en muchos casos solo mantiene en el límite de la sobrevivencia a quienes ingresan a él” (Sagasti, Patrón, Hernández y Lynch, 1999, p. 38).

Sin embargo, una población rural en la pobreza nos debería hacer reflexionar que Lima no es el Perú y otras tradiciones culturales y otros logos se siguen manteniendo, a pesar del Estado y los gobiernos de turno. Según el Censo 2017 del INEI, la población rural se acerca a “6 millones 69 mil 991 personas que representa el 20,7 % de la población censada del país”[1]. Un verdadero investigador no debe ignorar esta cifra y otras relevantes para analizar eficazmente la realidad de la crisis actual. Solo los diletantes y los profetas de la crisis las desdeñarían.

Jaime Gamarra Z.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Booth, W., Colomb, G., y Williams, J. (1995). Cómo convertirse en un hábil investigador. Chicago: Gedisa.

Sagasti, F., Patrón, P., Hernández, M., y Lynch, N. (1999). Democracia y buen gobierno. Lima: Apoyo.

Weber, M. (1984). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Sarpe.
Del blog de Milciades Ruiz: https://republicaequitativa.wordpress.com/

martes, 7 de abril de 2020

Apocalypse Now?


LA CRISIS SANITARIA POR EL COVID-19 LA PAGAN LOS POBRES Y LOS TRABAJADORES. ¿Y LOS RICOS Y LOS GRUPOS ECONÓMICOS?


En el Perú tenemos, por un lado, un 0.5 % de ricos que alcanza a “más de 17 mil millonarios en nuestro país. Unos 880 peruanos con más de 10 millones de dólares. Otros 300 con más de 30 millones de dólares. Alrededor de 37 peruanos con más de 100 millones de dólares. Y al menos 5 con más de mil millones”[1], llegando según Forbes a 6 con más de mil millones (Carlos Rodríiguez Pastor, Vito Rodríguez, Ana María Brescia Cafferata, Eduardo Belmont Anderson, Eduardo Hochschild, y Jorge Rodríguez Rodríiguez); y por otro lado, “40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$ 4 y US$ 10 diarios”[2], 6 millones 593 mil peruanos siguen viviendo en pobreza (20.5 % de la población[3]), 73 % trabaja en empleos informales; 7 millones[4] (22.3 %) no tienen servicio de agua potable en el Perú, y un aproximado de 1 800,000 familias no cuentan con una vivienda o habitan una precaria[5]. Esto muestra no solo la profunda y extendida desigualdad social que en el 2017 habría llegado a 0.81, comparado al 0.43 que reporta oficialmente INEI (1 en el índice GINI expresa la perfecta desigualdad de un país), sino la inmensa exclusión social estructural sobre la que se ha erigido el inventado neoliberalismo peruano que hace que sus “avanzados” grupos económicos tengan licencia estatal para acumular demasiado y distribuir casi nada, y sí socializar sus pérdidas de sus juegos en las ruletas financieras (con nuestro dinero) como nos muestran las AFP.

Así, los millones del pobretariado y del independetariado, vivientes y sobrevivientes que viven en la precariedad de derechos garantizados, recortados y negados por el Estado y los grupos económicos, y la exclusión social y económica del exitosísimo modelo exportable peruano y aspirante a la OCDE, se develan claramente, gracias a un microscópico virus, los conocidos límites del inexistente neoliberalismo peruano. No obstante, por un lado, esta crisis no la están pagando los que más tienen sino los pobres, muchos de los cuales tienen que quedarse en una casa de esteras, madera o triplay, sin agua, y con hambre. Si bien los 380 soles en este primer tramo están llegando a casi 4 millones de personas a quienes de seguro aliviará en algo las necesidades y los estómagos, la crisis muestra la exclusión estructural y los márgenes en la que viven millones de los cuasi ciudadanos del Perú; mientras que, por otro lado, la liberación de la CTS, la suspensión del pago al sistema de pensiones y la liberación de 2000 soles de la AFP afectan directamente a la clase trabajadora que viene costeando la crisis con sus ahorros y su jubilación en un acto patriótico que lleva a uno a entonar repetidamente el “Contigo Perú del Zambo Cavero. En tanto, las AFP pierden miles de millones de los asegurados; y el Estado costea la crisis con el dinero de los pocos impuestos cobrados sin mirar los miles de millones no cobrados por los privilegios tributarios (y evasión) de los sectores económicos minero, financiero, aseguradoras, agroexportador, pesquero y aéreo. Es decir, esta crisis la pagan la clase trabajadora, el pobretariado y el independetariado.    

No obstante la emergencia sanitaria, la desigualdad social, la exclusión estructural y la concentración de riqueza, este gobierno y Estado que ha ampliado la ley de promoción agraria hasta el 2031 y los beneficios tributarios al sector minero y de hidrocarburos, que hace uso de la ley de activos críticos y los estados de emergencia para garantizar los intereses de la clase empresarial minera, que evita discutir la ley general de minería; apela a la solidaridad de los bancos para que no cobren intereses en tiempos de COV-19 por lo que es entendible que cuando le preguntan los medios internacionales sobre la propuesta de un impuesto a las fortunas en el Perú Vizcarra, al igual que la ministra del MEF, vuelven a hacer un llamamiento a la solidaridad de los millonarios: “sobre grandes fortunas que puedan haber en algunos grupos económicos en el país y que puedan también colaborar como todos estamos haciendo para poder salir de esta crisis (…) hemos dicho desde un principio que el principal valor que necesitamos ahora de la sociedad es la solidaridad”[6]. Pos-COVID-19 se abre el momento político oportuno para poner en cuestión el modelo neoliberal dominante con una serie de perversiones y fallas, que terminan generando alta concentración de riqueza, alta desigualdad y alta exclusión y que requiere urgentemente ser cambiado.

Soc. José Antonio Lapa Romero
5 de abril de 2020






[1] Riqueza y desigualdad en el Perú: vision panorámica. 8 de febrero de 2019. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/latest/policy-paper/riqueza-y-desigualdad-en-el-per%C3%BA-visi%C3%B3n-panor%C3%A1mica>
[2] OXFAM. Para no retroceder. Realidad y riesgo de la desigualdad en el Perú. Documento de Trabajo Perú N° 1 2015. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://peru.oxfam.org/sites/peru.oxfam.org/files/file_attachments/Documento%20Peru%20%281%29.pdf>
[3] Según INEI los pobres en el país son los hogares cuyo gasto per cápita no llegó a cubrir una canasta basicabásica calculadao en 344 soles. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/economia/pobreza-pobres-dinero-donde-pido-prestamos-quienes-y-cuantas-personas-son-consideradas-pobres-en-el-peru-noticia-1191046>
[4] LA REPÚBLICA. Más de 7 millones de peruanos sin agua potable. 13 de marzo de 2020.  Consulta: 5 de abril de 2020 <https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/13/coronavirus-peru-mas-de-siete-millones-de-peruanos-sin-agua-potable/>
[5] RPP. Perú es el tercer país de Latinoamérica con mayor déficit de viviendas. 2 de diciembre del 2016. Consulta: 5 de abril de 2020 <https://rpp.pe/economia/inmobiliaria/peru-es-el-tercer-pais-de-latinoamerica-con-mayor-deficit-de-viviendas-noticia-1014065>
[6] Vizcarra da balance del coronavirus en el Perú. 3 de abril de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=z7yPl05vh0Y



Extraído de https://www.jw.org/es/biblioteca/revistas/atalaya-2017-numero3-mayo/quienes-son-cuatro-jinetes-apocalipsis/



Apocalypse Now?


En el imaginario colectivo no son muy lejanas las imágenes de las largas colas y el desabastecimiento general de los productos básicos, durante el último periodo del nefasto primer gobierno de García Pérez. Solo unos cuantos elegidos se mantuvieron en sus burbujas de confort y normalidad. La anomia social y la desestructuración fueron los signos distintivos de esa época (fines de los 80 y primera mitad de los 90) y hoy, ad portas del Bicentenario, una pandemia nos lleva a reflexionar sobre la precariedad de la existencia y la insana ilusión de pretender vivir en una burbuja de confort, estabilidad e hiperconsumo, mientras millones de personas son excluidas de los beneficios del sacrosanto “progreso” y se convierten en seres humanos residuales (en una sociedad líquida de desechos, como diría Bauman).


Los altos funcionarios del gobierno peruano nos advierten que el sistema de salud estaría a punto de colapsar si no respetamos el estado de emergencia y las recomendaciones. Los tecnoburócratas nos quieren hacer olvidar que el sistema de salud pública en el Perú está colapsado desde hace mucho. La OMS recomienda que el promedio de inversión en salud sea el 6 % del PBI. En el Perú, la inversión gubernamental representa el 3.5 % del PBI y se trata de una de las más bajas de la región[1]. Nuestro país tiene 13 médicos por cada 10 000 habitantes[2], muy a la zaga de otros países latinoamericanos. No somos apocalípticos si damos cuenta de la gravedad de la situación en medio de la paranoia (muy real) y el pavor generalizados.


Como en la película Blue Velvet, de David Lynch, las grietas y las disrupciones que trastocan nuestra confortable y apacible realidad cotidiana son inevitables y contundentes a veces, y nos pueden servir para tomar conciencia de que necesitamos ser empáticos y tener una mirada holística, menos unilateral y cómoda. No debemos soslayarlas para develar la “dichosa interconexión para todos”[3] de la que habla el poeta budista norteamericano Gary Snyder.


Tal vez esta crisis nos sirva para desarrollar oportunidades y fortalezas en medio del pánico y la incertidumbre:  “Pero quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”[4].

Los políticos y los tecnócratas iluminados –por más apocalípticos y dramáticos que sean– nunca tienen la última palabra.

Jaime Gamarra Z.
Escritor y gestor cultural



[1] RUIZ, Mariana. “PBI en salud más bajo de la región es de Perú”. En: Perú21. 21/10/2018. Recuperado el 6 de abril de 2020 de:  https://peru21.pe/economia/pbi-salud-region-peru-435718-noticia/?ref=p21r
[2] https://gestion.pe/peru/peru-12-8-medicos-10-000-habitantes-abajo-paises-ocde-236346-noticia/
[3] https://www.poetry-chaikhana.com/blog/2013/09/25/gary-snyder-for-all/
[4] ŽIŽEK, Slavoj. “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”. En: Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. ASPO, 2020, p. 22.


Fotograma de El séptimo sello, de I. Bergman, película de 1957

sábado, 11 de enero de 2020

¿El fujimorismo: un mal necesario?




EL FUJIMORISMO Y OTROS MALES SOCIALES ARRAIGADOS EN EL PERÚ CONTEMPORÁNEO


INTRODUCCIÓN

En sus orígenes la república presentaba graves antagonismos y una fuerte herencia de lacras coloniales, algunas de las cuales persisten hasta hoy (como parte de la estructura básica de la sociedad peruana). Para Flores Galindo (1999): “La sociedad colonial, cuando llega la Independencia, no había producido ciudadanos como en América del Norte, sino hombres diferenciados por el color de la piel, el título nobiliario, el ingreso económico, los antepasados, el lugar de nacimiento” (p. 40).

González Prada (2005) nos ha dejado un acertado diagnóstico, que aun hoy todavía está vigente.

Sacudimos la tutela de los virreyes y vegetamos bajo la tiranía de los militares, de modo que nuestra verdadera forma de gobierno es el caporalismo. Emancipamos al esclavo negro para sustituirlo con el esclavo amarillo, el chino. El sustrato nacional o el indio permanece como en el tiempo de la dominación española: envuelto en la misma ignorancia y abatido por la misma servidumbre, pues si no siente la vara del corregidor, gime bajo la férula de la autoridad o del hacendado; si no paga tributo en oro, da contribución en carne; si no muere en la mina, sucumbe en los campos de batalla. (pp. 120 y 121)

Los males y los problemas sociales enraizados en la estructura básica de la sociedad peruana han sido un enorme óbice para que nuestro país se convierta en una nación con un alto índice de desarrollo humano (esto en la perspectiva de Sen (2000), que entiende que las oportunidades sociales de acceso a la educación, a la salud, etc., influyen en la libertad fundamental de la población para vivir mejor así como para lograr una mayor participación social). Estos males sociales (corrupción, peculado, autoritarismo, racismo, etc.) han significado un sinfín de oportunidades perdidas y una grave desestructuración social en lo que va de la vida republicana. Según Quiroz (2013):

el costo de la corrupción para el desarrollo económico y social peruano en su historia republicana ha sido estructural y consistentemente alto o muy alto, pese a las variaciones cíclicas. Considerando que para alcanzar un crecimiento autosostenido se requiere de una tasa de crecimiento media anual del PBI de entre 5 y 8 por ciento en el largo plazo, debido a la corrupción sistemática y descontrolada, el Perú perdió o distribuyó mal el equivalente de aproximadamente el 40 a 50 por ciento de sus posibilidades de desarrollo. (p. 554)

I. ESTADO NACIONAL Y DIFERENCIA

Una sociedad diversa y multicultural como la nuestra no fue organizada políticamente en función de una política de la diferencia. Para Castro (2007): “en el Perú la diversidad étnica se ha encontrado o se encuentra marcada por el reconocimiento de algunas etnias y culturas con mayor prestigio y poder –criollos y mestizos– y con otras con menos poder y sin prestigio social –andinos y nativos–“ (p. 223).

No podemos pasar por alto que los Estados nacionales, incluso el Estado peruano, no constituyen formaciones homogéneas. Como lo señala Walzer (1998):
La mayoría de los Estados que constituyen la comunidad internacional son Estados nacionales. Llamarles así no significa que están formados por poblaciones nacionales (étnicas o religiosas) homogéneas. (…) Significa exclusivamente que un único grupo dominante organiza la vida en común de manera tal que refleja su propia historia y cultura y, si las cosas marchan como se pretende, lleva hacia adelante la historia y mantiene la cultura. Son esas intenciones las que determinan el carácter de la educación pública, los símbolos y el ceremonial de la vida pública, el calendario estatal y las fiestas o vacaciones que se disfrutan. Colocado entre las historias y las culturas, el Estado nacional no es neutral; su aparato político es una maquinaria para la reproducción nacional. (p. 39)

Debido a que el grupo dominante ha impuesto en nuestro país una forma de enseñanza, es imprescindible adoptar el multiculturalismo y la política de la diferencia, que supere la política de la dignidad igualitaria asociada al liberalismo clásico. “El liberalismo de la dignidad igualitaria parece suponer que hay unos principios universales que son ciegos a la diferencia” (Taylor, 1993, p. 68).

No vemos otra alternativa para superar la indiferencia y marginación en las que se encuentran los pueblos originarios o etnias ancestrales. Un Estado racista y excluyente ha sido óbice para lograr el reconocimiento de estos (un dato fáctico que debemos considerar es que, según la CVR, el 75 % de víctimas fatales del proceso de violencia política, iniciado en 1980, es quechuahablante[1]). 


II. EL FUJIMORISMO NUESTRO DE CADA DÍA

El fujimorismo surge en un contexto sociohistórico de grave desestructuración social y alarmante crisis económica (fines de los 80). Sus orígenes están signados por las componendas y el clientelismo. Izquierda Unida y el Partido Aprista coadyuvaron a posicionar a un desconocido Alberto Fujimori en el escenario político nacional. La crisis económica marcó un periodo de incertidumbre y anomia social. Una grave crisis institucional era el corolario de gobiernos corruptos e ineficaces. A ello debemos añadir el problema del terrorismo del PCP-SL. El gobierno de Fujimori (con el lema “Honradez, tecnología y trabajo”) surge como salvador de la patria. Esto se ve refrendado luego del autogolpe del 5 de abril de 1992, lo cual fue posible gracias a una alianza cívico-militar y al desprestigio total de los partidos políticos (de izquierda y de derecha por igual). Quiroz (2013) habla precisamente del “régimen bicéfalo de Montesinos y Fujimori” (p. 512).

El periodo del fujimorismo en el gobierno (1990-2000) se caracterizó por el autoritarismo, el clientelismo y el peculado exacerbados. Una autocracia deleznable cooptó todas las instituciones que pudo para concretar sus fines de largo plazo. De este modo, el Poder Judicial, el Ministerio Público, las FF. AA., el Congreso, la ONPE, el Tribunal Constitucional, la prensa, etc. fueron mediatizados y, en muchos casos, pasaron a estar bajo el total control del fujimorismo. Para Pedraglio (2014) “la forma como un aventurero, como Alberto Fujimori, convocó a los poderes fácticos, creó nuevas lealtades y sobre todo terminó de destruir el Estado (del que formaban parte los partidos políticos) y las bases productivas vigentes, fue radical, contundente y sobre todo exitosa” (p. 40). 

La justificación del fujimorismo (Torres y Torres Lara, 2005) fue que la situación político-económica se hizo insostenible y el gobierno de Fujimori estaba en una disyuntiva o callejón sin salida. La Ley 25397, ley de control parlamentario sobre los actos normativos del presidente de la República, publicada el 9 de febrero de 1992, fue la espada de Damocles, colocada por la oposición. De este modo, Fujimori no tuvo otra opción, sino el "contragolpe". 

El 19 de noviembre de 2000 Fujimori renunció desde Tokio. El 7 de noviembre de 2005 Fujimori fue detenido en Chile y, posteriormente, extraditado. Finalmente, fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad (casos Barrios Altos y La Cantuta). No obstante, Fujimori se encargó de “cederles la posta” a sus herederos políticos, principalmente a su hija mayor. Pero el expresidente nunca se retiró definitivamente a sus cuarteles de invierno.  

Una cuestión surge claramente: ¿por qué, a pesar de las pruebas contundentes de corrupción, peculado, cooptación, etc. el fujimorismo sigue siendo aceptado por un significativo porcentaje de la población?

En la segunda elección presidencial del 2016, Keiko Fujimori obtuvo el 49.880 % del total de votos válidos, que representa 8’ 555880 votantes[2].“Roba, pero hace obras” sigue siendo el dicho preferido en el imaginario de los votantes peruanos. Estos mismos votantes olvidan un hecho fundamental: “el fujimorismo aparece permanentemente asociado a intereses criminales” (Vergara, 2018).

Replanteamos entonces nuestra interrogante: ¿por qué una organización asociada constantemente a intereses subalternos e ilegales sigue contando con significativo apoyo popular? 

El fujimorismo parece ser un “mal necesario” en la política peruana. Los seguidores o simpatizantes de Alberto Fujimori lo siguen considerando como el “mesías” que salvó a la patria del terrorismo y la hiperinflación. Asimismo, consideran terriblemente injusta la condena de 25 años que le fue dada.

III. LA MATRIZ AUTORITARIA

Fujimori asumió el rol de caudillo autoritario que se enfrentó a problemas sociales acuciantes y tuvo mucho éxito. De esta forma, Fujimori es parte de una tradición política en nuestro país. Como lo señala Flores Galindo (1999), la presencia del Ejército en la vida política del país es una constante en la República. La alianza cívico-militar iniciada en 1991 le permitió a Fujimori gobernar a sus anchas. Su proyecto político era de largo plazo y no tuvo reparos (ni escrúpulos) para mantenerse en el poder desde 1990 hasta noviembre del 2000, cooptando y mediatizando todas las instituciones políticas que pudo. Un operador clave fue Vladimiro Montesinos. Sin embargo, no debemos soslayar que los grandes empresarios apoyaron convenientemente (y entusiastamente) a Fujimori. 

Es el caso de un outsider político que llegó a tener mucho éxito y se convirtió en un político muy popular. Fujimori fue un caudillo carismático autoritario, que supo capitalizar el gran descontento y desilusión de la ciudadanía a fines de los 80 y comienzos de los 90. Odría, Sánchez Cerro, Leguía, Alan García, etc. fueron también caudillos autoritarios con mucha popularidad durante sus gobiernos. Nuestra sociedad está agobiada por caudillos histriónicos y autoritarios. Y no solo han proliferado en el escenario político, sino además en el hampa, las barras bravas, las empresas, etc. ¿Hay alguna forma de superar el caudillismo en una sociedad autoritaria como la nuestra?


A MANERA DE CONCLUSIÓN
El fujimorismo es un fenómeno político y social que surge en un contexto histórico muy particular, en el cual las organizaciones políticas estuvieron muy desprestigiadas y la desestructuración social fue muy grave. La violencia política descontrolada a finales de los 80 provocó traumas en el imaginario de la sociedad peruana, principalmente en Lima y en localidades de la Sierra Sur, donde en muchos casos los pobladores quedaron atrapados entre dos fuegos: la insania senderista y la represión indiscriminada del Estado.
Fujimori se valió del clientelismo y patrimonialismo para llevar a cabo su proyecto político de largo plazo (en el camino hizo alianzas con las FF. AA. y con empresarios poderosos aglutinados alrededor de la Confiep). Representa lo peor de una tradición política muy enraizada en nuestra vida social.

REFERENCIAS

Castro, A. (2007). Un debate previo y epistemológico sobre el Estado, la nación y la estratificación en el Perú. En O. Plaza (coord.). Clases sociales en el Perú: visiones y trayectorias (págs. 199-228). Lima: PUCP, Cisepa.

Flores Galindo, A. (1999). La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú. Lima: Sur Casa de Estudios del Socialismo.

González Prada, M. (2005). Pájinas libres. Lima: El Comercio.

Kymlicka, W. (2002). Estados multiculturales y ciudadanos interculturales. Recuperado el 25 de octubre de 2019 de

López, S. (2007). Ciudadanos reales e imaginarios. Lima: Instituto Diálogo y Propuestas.

López, L. (1996). No más danzas de ratones grises: sobre interculturalidad, democracia y educación. En: Godenzzi (compilador). Educación e interculturalidad en los Andes y Amazonía. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas.

Pedraglio, S. (2014).Cómo se llegó a la dictadura consentida. El gobierno de Alberto Fujimori: 1990-1992. Tesis para optar el grado académico de Magíster en Sociología con Mención en Sociología Política. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Ciencias Sociales, Lima. Recuperada el 8 de enero de 2020 de


Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Lima: IEP.

Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Planeta.

Taylor, Ch. (1993). El multiculturalismo y la “política del reconocimiento”. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Torres y Torres Lara, C. (2005). Testimonio político. Lima: Asesorandina.

Vergara, A. (2018, 22 de octubre). El fujimorismo ha sido un mal innecesario para Perú. The New York Times. Recuperado el 8 de enero de 2020 de https://www.nytimes.com/es/2018/10/22/opinion-fujimorismo-innecesario-peru/
Walzer, M. (1998). Tratado sobre la tolerancia. Barcelona: Paidós.

Jaime N. Gamarra Jr.
Escritor y gestor cultural de la UNMSM


[1] Véase: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php