jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Todo el poder a l@s feminazis?



Cada mujer adora a un fascista
Sylvia Plath

Intro
   Hoy en día, entre nosotros existen fuertes resabios de la sociedad tradicional configurada antes de  los procesos de modernización iniciados en la década de 1950. Nos referimos a lacras sociales que conforman la estructura básica de la sociedad peruana. Uno de estos males sociales ha ocasionado que millones de mujeres en nuestro país se sientan vulnerables y en desigualdad de condiciones solo por el hecho de serlo. Un valioso instrumento como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), de 1979, debería servir para coadyuvar a mediatizar o impedir la discriminación sexual y el feminicidio en nuestro país. A contrario sensu, la realidad es muy adversa.

La realidad nuestra de cada día 

   No vamos a negar que la alta tasa de feminicidios  y la situación de flagrante sexismo en el país nos resultan indignantes. Lo concreto es que en el Perú de hoy (en pleno siglo XXI!) nacer mujer implica convertirse en potencial víctima de la violencia simbólica y sadismo de los hombres, no obstante el problema es sociocultural y requiere una visión holística (no unilateral). Es escandaloso además que los corifeos del optimismo y del patrioterismo más ramplón afirmen que estamos ipso facto convirtiéndonos en ciudadan@s del Primer Mundo y de la posmodernidad reinante. Por otra parte, los medios masivos de comunicación (estupidización) nos hacen creer que debemos estar orgullosos de vivir en un país donde el consumidor es el nuevo rey (todos podemos "elegir" a nuestras autoridades políticas, así como nuestra ropa, artefactos electrónicos, diversión, etc.), el fútbol es el deporte rey  y la comida es súper. Mientras tanto, a lo largo y ancho del país, las mujeres siguen siendo masacradas, violadas, mutiladas, quemadas, etc. El orden heteropatriarcal sigue estable y los patrones culturales de siempre se reproducen ad infinitum (verbigracia, las mujeres deben usar y amar el color rosado y los hombres deben evitar llorar y demostrar sus emociones públicamente). Como dice Pierre Bourdieu: “la dominación masculina tiene todas las condiciones para su pleno ejercicio. La preeminencia universalmente reconocida a los hombres se afirma en la objetividad de las estructuras sociales y de las actividades productivas y reproductivas, y se basa en una división sexual del trabajo de producción y reproducción biológico y social que confiere al hombre la mejor parte, así como en los esquemas inmanentes a todos los hábitos”[1].
   La cultura judeo-cristiana de países como el nuestro es en gran parte responsable de esta patética situación. Los valores de sumisión, decoro, humildad, abnegación, etc. que pregona han sido internalizados por los sujetos históricos e inscritos como las tablas de la ley en la reproducción social. Para Bakunin[2], la religión cristiana es una negadora de la humanidad y de sus potencialidades liberadoras. Uno de los resultados como tipo ideal es la matriarca-autoritaria-sexista (su contraparte es el caudillo carismático con visible capital sexual). 
  Pensadores del siglo XIX como la socialista Flora Tristán dieron un diagnóstico temprano de la situación de la mujer en el Perú.  Luego, González Prada puso el dedo en la llaga (su artículo "Las esclavas de la Iglesia" es muy vigente). 


Feminismo fujimorista

   Los movimientos de liberación sexual avanzaron en la dirección de buscar "empoderar" a la mujer y visibilizar un orden falocéntrico decadente. Hasta bien entrados los 80, o tal vez menos, en nuestro país era un tabú que una mujer asuma el rol de ministra, congresista, alcaldesa, etc. La política y la gestión pública eran campos privilegiados de los hombres. La mujer era relegada al rol de "ama de casa", madre, administradora del hogar, etc. Sin embargo, este "empoderamiento" real presenta límites y contradicciones insalvables. La cuota de género exigida y la discriminación positiva  (Leyes N°s 26859 y 27387) han servido, en parte, para visibilizar a políticas fascistas, que han asumido y defendido un proyecto autoritario y de extrema derecha (nos referimos al régimen impresentable de Fujimori). No es casual o gratuito que el fujimorismo haya impulsado una política "feminista" desde el poder. Asimismo, su gran popularidad no debe sorprender a nadie (para sus seguidores sigue siendo el Mesías que salvó a la patria de la insania terrorista de SL).

    En la década de los 90, se llevaron a cabo importantes encuentros de colectivos de mujeres. En 1994, se realizó la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Belém do Pará, del 9 de junio de 1994). En su artículo 1 se señala que "debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado".

    En Pekín, en 1995, se realizó la IV Conferencia sobre las Mujeres, en la que se definió la violencia contra las mujeres como "todo acto de  violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño de naturaleza física, sexual, psicológica...".

   Por otra parte, en un libro clásico de 1976, Las contradicciones culturales del capitalismo, Daniel Bell señala que la cultura “es un proceso continuo de sustentación de una identidad mediante la coherencia lograda por un consistente punto de vista estético, una concepción moral del yo y un estilo de vida que exhibe esas concepciones en los objetos que adornan a nuestro hogar  y a nosotros mismos, y en  el gusto que expresa esos puntos de vista.  La cultura es, por ende, el ámbito de la sensibilidad, la emoción y la índole moral, y el de la inteligencia, que trata de poner orden en esos sentimientos”. Es decir, a una cultura burguesa patriarcal inscrita en un orden judeo-cristiano le corresponde históricamente un sujeto con una particular sensibilidad y prejuicios peculiares. Solo basta recurrir a la literatura peruana del último tercio del siglo XX (Vargas Llosa, Ribeyro, Bryce, Reynoso, Bayly, etc.) para encontrar retratos acertados de personajes (estereotipados, ciertamente) pertenecientes a estratos medios y altos. Verbigracia, en nuestro medio tomemos como referencia a las  obras clásicas de Reynoso y Vargas Llosa, solo para citar a dos hasta hace no muchos años el rito de paso a la adolescencia estaba representado para los varones de la clase media por la visita al burdel en los suburbios de la urbe. En el imaginario de los varones de clase media, era “natural” pasar por tal prueba de hombría (sin hablar de otras pruebas de masculinidad todavía vigentes).  


A manera de conclusión

   Y es que una sociedad de fuerte tradición autoritaria como la nuestra debe ser impugnada sobre todo desde la cultura (esto lo sabían bien los revolucionari@s sociales de comienzos del siglo XX). Ningún Ministerio de la Mujer ni burócratas displicentes resolverán el problema acuciante del sexismo imperante. El poder sigue siendo uno de los instrumentos del mal, como dijo Sartre. Perú es uno de los países más sexistas y patriarcales de la región. La solución al problema no se condice con cacerías de brujas (al mejor estilo macartista), linchamientos morales, etc. enfocados en individuos. Reiteramos que el problema no es unívoco y unilateral porque el entorno social tiene también responsabilidad. Las instituciones de socialización temprana como la escuela y la familia siguen incentivando patrones de comportamiento y hábitos sociales, que conllevan que los procesos de individuación se consoliden teniendo referentes abiertamente jerárquicos y machistas. ¿Dónde se forman los caudillos autoritarios, los jefes del hampa, los líderes de las barras bravas, los capitostes en general, si no es en la escuela? Abimael Guzmán, Alberto Fujimori, Alan García, Martha Chávez, Luz Salgado, etc. son caudillos autoritarios, productos sociales de un orden heteropatriarcal arbitrario y jerárquico. Deben ser impugnados y combatidos como tales. Aun sabiendo que otr@s ocuparán sus lugares.


Velada libertaria, 11 de noviembre 2017, Federación de trabajadores textiles.

Márlet Ríos


[1] BOURDIEU, Pierre.  La dominación masculina. Anagrama, Barcelona, 2000, p. 49.
[2] Véase: BAKUNIN. Escritos de filosofía política. Alianza Editorial, Madrid, 1990.

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