miércoles, 24 de diciembre de 2025

IMPROVISACIÓN Y LITERATURA

 

Improvisar con sentido: comedia y literatura como herramientas narrativas

 

La improvisación suele asociarse a la rapidez, la ocurrencia inmediata y la capacidad de resolver sin planificación previa. En el ámbito de la comedia, esta idea se refuerza: improvisar bien parecería equivaler a reaccionar velozmente y provocar risa. Sin embargo, esta concepción reduce la improvisación a un ejercicio meramente reactivo y deja de lado su potencial narrativo y expresivo. Este ensayo propone que la improvisación, cuando se nutre de herramientas propias de la literatura, puede transformarse en una práctica más consciente, profunda y cohesionada.

 

Esta reflexión no surge de manera abstracta, sino a partir de una experiencia concreta. El año pasado, al ingresar a Teatro del Juego, no tenía claro cuánto de mi personalidad podía o debía trasladar a las escenas improvisadas. La improvisación se presentaba ante mí como una técnica externa, más cercana a un conjunto de reglas que a una extensión de mi forma de estar en escena. Sin embargo, a lo largo del proceso formativo, y a partir de observaciones realizadas por mis profesores Jhonathan Suescun y Dusan Fung, comencé a reconocer que la espontaneidad y el humor forman parte constitutiva de mi manera de comunicarme.

 

Esta toma de conciencia no implicó descubrir algo nuevo, sino nombrar algo que ya estaba presente. Mi relación con la comedia siempre ha estado ligada a una forma anecdótica de narrar las experiencias adversas: transformar las desgracias cotidianas en relatos compartibles, donde el humor no elimina el conflicto, sino que lo vuelve habitable. Esta lógica narrativa atraviesa no solo mi vida personal, sino también otra de mis grandes pasiones: la lectura. Leer y hacer reír no aparecen, en mi práctica, como actividades separadas, sino como expresiones de un mismo impulso por construir sentido a partir de la experiencia.

 

A partir de esta convergencia surge una pregunta central para mi proceso creativo: ¿cómo puede la improvisación integrar conscientemente estas dos dimensiones —la comedia y la literatura— sin perder espontaneidad? Más aún, ¿de qué manera los recursos narrativos presentes en la literatura pueden convertirse en herramientas activas dentro de la escena improvisada? Plantear estas preguntas desplaza la improvisación del terreno puramente técnico hacia un espacio de investigación artística y reflexiva.

 

En la comedia improvisada, referentes como Wendy Ramos y Job Mansilla evidencian que la risa no surge únicamente de la rapidez mental, sino del compromiso con el personaje, la escucha activa y la coherencia interna de la escena. En ambos casos, la improvisación se sostiene sobre una lógica narrativa clara: cada acción escénica construye sentido y ninguna decisión es neutra. Esta mirada se aleja de la acumulación de chistes y se acerca a una improvisación que, incluso en lo cómico, narra.

 

La literatura ofrece herramientas que permiten profundizar esta dimensión narrativa. Autores como John Green y Stephen Chbosky construyen relatos donde la fuerza no reside en la espectacularidad de los acontecimientos, sino en la consistencia de la voz y la honestidad emocional de los personajes. En improvisación, estas cualidades se traducen en la posibilidad de sostener escenas desde la verdad del personaje, incluso cuando la acción es mínima.

 

Por otro lado, la obra de Donna Tartt demuestra la importancia del ritmo y del desarrollo progresivo en la construcción del interés narrativo. En el contexto de la improvisación, esta perspectiva invita a desacelerar, a confiar en el proceso y a permitir que la escena se construya sin necesidad de forzar resoluciones inmediatas. La literatura enseña que no todos los momentos deben ser culminantes para resultar significativos.

 

Finalmente, autoras contemporáneas como R. F. Kuang aportan una reflexión adicional: toda narración implica una postura frente al mundo. Sus textos evidencian que contar una historia no es un acto neutral, sino una forma de posicionamiento ético y político. Trasladado a la improvisación, esto supone reconocer que cada escena expresa una mirada, una sensibilidad y una manera de relacionarse con el otro.

 

Desde esta perspectiva, mi búsqueda personal apunta a llevar la improvisación hacia un espacio donde la comedia y la literatura dialoguen activamente. No se trata de intelectualizar la escena, sino de ampliar mis herramientas: escuchar cómo se lee, construir personajes con voz propia y entender el humor no como un fin inmediato, sino como una consecuencia del sentido. En este enfoque, la literatura deja de ser un referente externo y se convierte en una caja de recursos narrativos aplicables al presente escénico.

A manera de conclusión 

En conclusión, integrar la comedia improvisada con la literatura permite desplazar la improvisación del terreno de la reacción hacia el de la construcción consciente. Improvisar deja de ser únicamente resolver el momento y se transforma en una práctica narrativa que exige atención, criterio y responsabilidad creativa. Desde este lugar, la improvisación no pierde espontaneidad, sino que gana profundidad y dirección.

 

Manuel Ramírez Morales


@manuelmente.pe



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